Oh, Corojo mío

Ron, humo y tabaco

Por Diego Urdaneta

Finalmente haciéndole honor a las otras dos palabras que conforman el título de esta sección, me dispongo a hablar un poco sobre el tabaco. Aunque no duden que en cualquier momento regrese a mis andanzas del ron, o incluso me atreva a mencionar uno que otro destilado.

Pero este tema de tabaco va relacionado con algo que creo que todos hemos fumado y posiblemente pocos le hayamos prestado atención, incluyéndome. En lo personal regularmente he estado pendiente del tipo de hoja que tiene mi cigarro, sobre todo si es Connecticut, Habano o Maduro, pero con respecto a Corojo, creo que no le he prestado tanta atención como las marcas mismas. Creo que si lo pienso bastante, no recuerdo algún cigarro reciente que haya destacado la palabra Corojo en su anilla, con excepción de un Camacho.

Quizá se deba a que Corojo también se utiliza bastante en el capote e incluso en la tripa, pero una revisión fugaz por internet me muestra que son muchos más los cigarros que destacan tener capa Habano o Connecticut que los que destacan tener Corojo. Descubrir la capa Corojo requiere un poco más de investigación e interés, y no es algo de lo que estás pendiente después del segundo cigarro, sobre todo si tienes un destilado cerca.

Pero durante un tiempo evité la capa Corojo, luego de haber fumado un par de cigarros que destacaban esta hoja y no me habían gustado, al igual que durante un par de años evité las capas Connecticut (que ahora me encantan) y como actualmente evito las capas Maduro (que durante años me encantaron). Pero pienso que siempre es bueno volver a probar algo y confirmar o cambiar de opinión, pues así como mis experiencias con esos cigarros de capa Corojo no fueron positivas, una revisión de cigarros que me han gustado antes incluyen capa Corojo (sin mencionarlo).

Para entender un poco de dónde salió el Corojo y a dónde fue, hay que entender un poco la historia del tabaco en general.

Historia del tabaco negro

El tabaco ha sido cultivado durante miles de años, mientras que el hecho de fumar tabaco tiene su origen en los Andes. Existen evidencias arqueológicas que sugieren que los indígenas de la región andina de Sudamérica comenzaron a domesticar y cultivar tabaco hasta siete mil años atrás. Estos indios aborígenes eventualmente llevaron sus conocimientos de semillas de tabaco y prácticas de cultivo mientras en sus travesías migratorias por Centro y Norteamérica.

Por supuesto, el tabaco cosechado hace miles de años no se puede comparar con el que forma parte de los puros exquisitos de hoy en día, pero el clima único del continente y las tierras ricas aportan las condiciones perfectas para el cultivo del tabaco.

En 1492, cuando Colón llegó a Las Américas, los indígenas le presentaron las hojas del tabaco, que seguidamente llevó a España. Mientras Europa incursionaba en el Nuevo Mundo, los únicos lugares donde se fumaba tabaco eran en América y en algunas partes de África, pero como el tabaco formó parte del “mundo civilizado”, eventualmente le tomaría menos de un siglo llegar a Europa y Asia.

El siguiente momento importante del tabaco tomó lugar en España a finales del siglo XVII, lo cual llevó a la fábrica de tabacos de Sevilla a ser fundada en el siglo XVIII; el edificio industrial más grande de la época, que se mantuvo hasta los años 50. Sin embargo, lo que llevó al tabaco a ser considerado tan importante fue una técnica que todavía se mantiene. Los españoles fueron los primeros en fabricar cigarros usando un modelo de tres componentes, siendo capa, capote y tripa. Esta técnica permitió el uso de diferentes tipos e intensidades de tabaco en cada puro. Dado que la capa es la parte más externa del puro, lo que cada comprador ve y lo que lo lleva a adquirirlo, el tabaco de capa sería el más importante, sobre el capote y la tripa.

En 1753, el botánico sueco Carolus Linneus identificó las dos variedades de tabaco utilizado para fumar con el nombre de Nicotiana, en honor el embajador francés Jean Nicot de Villemain, quien escribió volúmenes enteros sobre el tabaco. Estas dos especies fumables de tabaco se llamaron Nicotiana rustica y Nicotiana tabacum y esta última es la que más se utiliza para hacer puros y es conocida comúnmente como ‘tabaco negro’, ingrediente principal en cualquier puro.

La evolución del Corojo

Desde el principio, los agricultores del tabaco han experimentado cultivar nicotiana tabacum en tierras, regiones y países distintos. Luego de muchas generaciones y mediante la selección natural de las mejores plantas para el cosechado, estos tabacos se convirtieron en sus propias variaciones, desarrollando distintas características de sabor y estructura. Estas variaciones son llamadas tabacos ‘criollos’ o ‘semilla nativa’.

Existen cinco variaciones de tabaco negro criollo o de semilla nativa, pero por el propósito de este artículo, solamente hablaré del habanesis, la primera variación establecida de Cuba. Esta variación partió de las semillas de nicotiana tabacum que fueron llevadas de México y sembradas en Cuba en 1534 y fueron (y son) la base de la gran mayoría del tabaco de puros mundial. La variedad habanesis fue desarrollada en 1907 en Cuba y cosechada bajo la sombra para capas y al sol para capote y tripa. Este tabaco le daría el auge al tabaco cubano, incluyendo el Corojo.

A partir del tabaco habanesis nació el Criollo, desarrollado en 1941 como un híbrido del habanesis. Como su nombre lo sugiere, Criollo era la semilla nativa de Cuba y se convirtió en la semilla base de la que todo el resto de los tabacos negros cubanos se derivarían. Originalmente fue creada como tabaco de capa y tripa, pero eventualmente sería superado por el Corojo como capa.

El tabaco Corojo fue desarrollado a mediados de los años 40 mediante el cultivo selectivo de tabaco Criollo, que era sembrado en la finca El Corojo, en Cuba, por lo que recibe su nombre de la finca. Desde mediados de los 40 hasta 1997, el Corojo fue la capa primaria tanto dentro como fuera de Cuba. Luego de distintas generaciones de pruebas y experimentos con el sembrado, cultivado y fabricación de la variedad del habanesis, el Corojo se convirtió en la hoja que todos querían tener en sus productos, gracias a su grosor, elasticidad, textura fina y porque su sabor era exquisito.

La debacle del Corojo

Dos factores contribuyeron a la debacle del Corojo. El primero fue su susceptibilidad a diversas enfermedades de la planta del tabaco, que contribuyó a reducir sus existencias, sobre todo porque se trataba de una planta pequeña, haciendo que una pequeña plaga fuera suficiente para no poder alcanzar la demanda del producto y obligar a los compradores a buscar otras opciones. El Corojo fue eventualmente reemplazado por una gran variedad de tabacos híbridos que podían producirse en mayor escala y ser más resistentes a enfermedades de las plantas.

El otro factor determinante fue la revolución cubana y la nacionalización del tabaco cubano por el gobierno. A mediados de los años 60, muchos de los grandes productores de tabaco se exiliaron de Cuba, llevándose su experiencia y experticia. El embargo logró una escasez importante de tabaco para capas en los Estados Unidos y las empresas se vieron obligadas a buscar alternativas al Corojo cubano.

Eventualmente, los agricultores comenzaron a hacer cultivos selectivos para lograr mejores variaciones del tabaco. Una variación conocida como Habano 2000 fue uno de los primeros híbridos del Corojo, que tuvo un éxito limitado. La semilla fue originalmente sembrada en Nicaragua, pero eventualmente llegó también a Honduras. A este híbrido le siguió el Criollo 99 y luego el Corojo 99, que ha sido usado por José Pepín Garcia en muchos de sus productos.

Por supuesto, muchos han tratado de cosechar el Corojo puro fuera de Cuba, con distintos niveles de éxito. La familia Eiroa, conocidos como los creadores de la marca Camacho y hoy en día de CLE, Wynwood Hills y Asylum, entre otros, han logrado cosechar el Corojo en Honduras y la República Dominicana, pero ha probado ser una variedad complicada con muy pocas existencias. La mayoría de los agricultores del tabaco prefieren usar híbridos de Corojo, como el Corojo 99, mientras que otros optan por hojas completamente distintas, más resistentes a las plagas y con mayor abundancia.

Así es como uno cae en cuenta que ese cigarro que te estás fumando, que bien podrían ser cinco hojas que alguien decidió combinar a ver qué tal, en verdad es el resultado de un proceso que tiene más de 500 años y que tiene como objeto no solo el disfrute en este momento, sino también mantenerse en el tiempo sin aumentar demasiado su precio actual.

Sin duda cada tabaco cuenta una historia y el Corojo posiblemente sea el que mejor la cuente.

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