Maestro torcedor: escuela y pasión

César Salinas

Fue el primer purero de Sihuapan, ha enseñado el oficio a cientos de torcedores y durante 40 años estuvo detrás de las mesas, guillotinas y controles de calidad de la fábrica de puros mexicanos más famosa del mundo, Te Amo. A su más de 70 años, Don Raúl Moreno Colí es una institución sanandrescana, sabio tabaquero, experimentado fermentador, productor independiente, maestro torcedor veracruzano cuyo nombre merece estar en la historia del tabaco nacional.

Nació en Calería, su padre murió muy joven, Francisco Moreno Martínez, era beisbolista, murió en el campo, en Catemaco, en una jugada se le reventó la aorta, a los 24 años de edad. Se fueron a la Ciudad de México, con su madre Camila Colí, gran tejedora. A los cuatro años volvieron a San Andrés, y Camila rehizo su vida con Santiago Alcántara, mayoral de varios ranchos.

La entrevista la realizamos en casa de don Raúl, en la comunidad de Shihuapan, estamos en su pequeño taller, que desprende un aroma a tabaco bien fermentado; huele a ciruela pasa, “cuando el tabaco está en su punto, así debe oler”. Detrás de sus anteojos y su bigote cano, está una memoria prodigiosa que alberga un ejército de fechas precisas, una multitud de nombres y apellidos de la historia del tabaco en San Andrés Tuxtla.

Estudió hasta la secundaria y vivía en los terrenos de primera fábrica de puros del gringo Robert Luzgarde; el poquito español que hablaba “nosotros se lo enseñamos, mi papá y yo. Se enteró de que ya no seguiría estudiando, y él me llevó a su fábrica, que se llamaba Mexicana de Tabacos, me presentó con el gerente que me conocía muy bien, y con el cubano Víctor Lay, quienes eran la cabeza de la fábrica. El dueño me recomendó para que me enseñaran y al mismo tiempo me cuidaran porque me quería mucho. Aprendí el oficio, entré en 1964 y 1972 me pasaron como empleado de confianza. Cuando entré tenía 16 años”.

Claro, lo primero que aprendió don Raúl fue hacer puros. Recuerda los nombres de quienes lo instruyeron: Álvaro Constantino, jefe de personal, y don José García, gerente, todólogo, cubanoespañol; también recuerda que se usaba el antiguo tabaco Negro San Andrés, y los nombres de a quienes se lo compraban: Domingo Matillas, Bruno Martínez, Alberto Turrent, Fortín Ortiz y a Tabamex.

TE AMO: ESCUELA Y PASIÓN

Más tarde la empresa de don Robert llevó el nombre de Tabacos Selectos Industrializados (Tabselin), pero sólo despalillaban, es decir, únicamente exportaban tabaco en rama, pero el 2 de marzo de 1963 se le ocurrió abrir una fábrica de puros, y su marca se llamaría nada menos que Te Amo.

“Y se llama así porque hubo un error a la hora de darla de alta, como él era gringo, le preguntaron, cómo se va a llamar la marca, él dijo Team, que en inglés es equipo, pero confundieron y le pusieron Te Amo, y así se quedó”.

Eran años en los que sólo una persona hacía puros de picadura, y todos los productores se le vendían: don Álvaro González, quien tenía una fábrica muy grande, hacía millones de puros y cigarrillos, diarios, mecanizados.

“En ese entonces empezaba Santa Clara, estaba la fábrica La Victoria, pero antes ya vendían El Aroma, de don Juan de la Cera, la fábrica más vieja, junto con El Triunfo de Álvaro Ortiz, pero Te Amo compró esta fábrica”.

Rememora con nostalgia a esos pureros viejos: Don Rafael Rivari y a Severo Martínez, quien vive aún y tiene casi 90 años, “pero la mayoría ya se han ido, ciento y tantos compañeros se fueron, y por el alcohol, porque antes los viejos viejos decían, no vayas a tomar cerveza porque el tabaco es caliente, mejor toma aguardiente, y muchos agarraron el vicio”.

Con don Robert había 60 pureros, los jóvenes entraban por grupos de 10, “conmigo entró otro Raúl Moreno que no es mi pariente, y por eso a mí me pusieron Raúl Colí y así me conocen todos; también estaban Francisco Bustamante, Cornelio Mendoza, Ignacio Ortiz, Sergio Delgado…”.

La fábrica tenía el mejor equipo. Don Raúl cuenta que en aquellos tiempos el periodo de capacitación de los aprendices era de un año, y no de tres meses como sucede actualmente; sólo pasado este periodo podían comenzar a hacer puros, así se garantizaba la buena mano de obra.

“Y cuando concluíamos ese año, nos llamaban medio operario, es decir que todavía te estaban puliendo, para que tus puros salieran buenos. Antes de la venta de la fábrica el equipo era prácticamente el dueño, controlábamos todos los procesos”.

Todos los puros que producía Te Amo eran de Negro San Andrés y se exportaban a Estados Unidos, “se hacían unos purazos, porque todos los torcedores eran seleccionados, conocían perfectamente las hojas, la calidad era muy cuidada en sabores y aromas, incluso detectaban si una hoja no estaba bien fermentada, sabían muchos secretos que ahora ya no”.

En 1976 don Robert Luzgarde hereda la fábrica a su nieto, Douglas, un “muchacho medio locochón” que no le interesaba el negocio, entonces se la compra una sociedad en la cual estaban Alberto Turrent, el actual dueño, Álvaro González, de Islas Canarias, España, Agustín Legorreta y su hermano, entre otros, y la adquieren con todo y personal, “nos vendieron completitos”.

Poco a poco los socios comenzaron a vender sus acciones, y el último fue Don Álvaro González quien en 1982 le vende a Alberto Turrent el resto de las acciones. Cuenta que esos primeros años estuvieron bien porque “los que llevamos la fábrica éramos personas que habíamos nacido ahí, nuestra aventura con el tabaco inició ahí dentro. Todo era a mano, se producía muy buenos puros, de un sabor y aroma muy cuidados”.

Como toda empresa, Te Amo sufrió los embates de la modernidad, sacrificó calidad por producción, llegaron los “licenciados, los ingenieros”, llegaron las máquinas, y don Raúl, quien se volvió en uno de los pilares de la fábrica, sabía que su aventura, después de 40 años en la fábrica, había terminado.

Don Raúl toma una pausa, limpia sus anteojos, los mira, los vuelve a limpiar. Es ordenado, amable, firme y metódico, en sus movimientos, en sus maneras. Continúa: el primer gran desafío de la empresa llegó con el cambio de liga, Te Amo tenía un prestigio, un gusto, una calidad. “Nos regresaron 5 millones 400 mil puros de Estados Unidos. Yo renuncié un 1 de octubre de 2004”.

MAESTRO

La pregunta es demoledora, directo al corazón de don Raúl, al recuerdo, a la nostalgia: ¿Qué es lo que más extraña de los años en la fábrica? Casi puede verse el nudo en su garganta, sus ojos viejos se llenan de lágrimas, se quita los lentes, intenta, en vano, hablar, dice dos, tres palabras sueltas, para un momento, toma aire, se pone sus gafas, intenta de nuevo.

“Enseñar, eso es lo que más añoro”.

Don Raúl Moreno Colí le ha enseñado el oficio a más de medio millar de personas. Narra que, entre 1979 y 1981, se dedicó exclusivamente a instruir. “La fábrica hizo una escuela, ahí en San Andrés, era un departamento, grande, cabían 100 gentes, le íbamos metiendo grupos de 10”.

Primero les enseñaba a “aflojar” los dedos, les daba un trapito y los ponía a enroscarlo, “y me decían, ¡ya Don Raúl, póngame a hacer puros! Nada, usted sígale les contestaba, pero era necesario para que acostumbraran los dedos. Fue una época muy bonita, a mí se me da enseñar, porque mañana que ya no estemos, de nada nos sirve llevarnos el conocimiento, hay que dejarlo”.

En Sihuapan no había fábricas, todos los pureros eran de San Andrés Tuxtla, además, antes era considerado un oficio sucio, “pero cuando vieron que empecé a ganar mis pesos, y hubo un momento que ganábamos incluso más que los maestros o los electricistas que eran bien pagados en ese tiempo. Ganábamos 3.5 millones de pesos al mes, y los profesores millón y medio, claro, de los millones de antes”.

Cuando lo nombran maestro instructor, muchos jóvenes de la comunidad lo fueron a ver para que los recomendara, para que les enseñara el arte de hacer puros, de tratar y conocer el tabaco. Confiesa que incluso, le enseñó a varios que hoy son los torcedores principales de algunas marcas consolidadas.

El conocimiento de Don Raúl, su vasta información del tabaco y sus circunstancias en San Andrés Tuxtla no cabe en una entrevista, y merecen un texto de mucha más longitud, y dedicación, por su importancia y legado. No obstante, para concluir, sin ningún recato y con el mejor de los ánimos, afirma:

“A los pureros de ahorita, los jóvenes, les falta mucho. No les enseñaron bien. El buen puro nosotros lo vemos desde adentro, el cliente pasa y ve la caja, y nosotros somos al revés: lo bueno que debemos tener es el tabaco, luego la construcción, el acabado, el anillo, luego la caja, en ese orden. Lo bueno, lo bueno, viene desde adentro, hay que conocer el tabaco a fondo para hacer un buen puro”.

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