La realidad a cuentagotas (o por qué en el velador no hay espacio para una lámpara)

De todo mi gusto

Por Michel Iván Texier Verdugo

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló un secreto: La uva -le susurró- está hecha de vino. Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizás nosotros somos las palabras que usamos para contar lo que somos”

El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano

Eduardo Galeano, con quien tuve la suerte de compartir mesa y conversación en varias oportunidades, parece omnipresente a la hora de lanzar estas líneas, en el mismo libro citado en el encabezado, en otro de sus breves textos mezclados con sus dibujos (de los cuales Francisca guardaba un chanchito dibujado en una servilleta en una tarde-noche de Valparaíso) nos señala: “¿Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos?”, y es que es exactamente eso, la tribuna escrita, el acceso a la posibilidad de llenar con palabras e imágenes algunas páginas no es sino una forma curiosa de contarnos a nosotros mismos, de dibujarnos en un espejo que cambia a diario, de traslucirnos en la aventura de las colecciones, de los cuadros en los muros, de las repisas atestadas de recuerdos de los cuales nacen los contenidos de nuestras historias.

En nuestro Club, en Viña del Mar, se ha ido conformando poco a poco una colección de objetos, de productos, de usos y costumbres, que ha contribuido a crear una identidad que no habría sido posible sin la contribución de todos, como el día que @cigarvoss llegó con su camisa nueva y decidimos hacer fotos con la misma ropa solo para reírnos y darnos cuenta, mucho tiempo después, que eran las imágenes perfectas para comenzar a contar la idea que predomina en estas líneas y que no es otra que somos dueños de nuestra realidad en la medida que actuamos activamente para construirla.

Los Pedros son un capítulo aparte, uno obsesivo por los Bubble Head, el otro encontrando las manos hábiles que le fabricaran una miniatura fumante de sí mismo, el suscrito, espectador mudo de este duelo de figuritas, beneficiado el día del cumpleaños por una perfecta representación del look diario, Grissom Woods en ristre, y que ahora acompaña en el zoológico a la inefable Peppa Pig (delicado guiño a mis amigos del Club de Whisky Sao Paulo) y al candente y censurado Maestro Roshi.

Y es que rodearse de objetos, de gadget, de gift, parece ir acorde con la personalidad del fumador global, casi no hay fumador que se precie que no exhiba sus anillas acumuladas sin orden aparente en algún recipiente de cristal, a la vista de quienes lo visitan (y que vaya detrás de anillas abandonadas u olvidadas que incrementen el contenido del florero devenido en anillero), también las cajas vacías, porque cuentan la historia de lo que algún día se tuvo a bien fumar.

Acá en las cajas me tengo que detener un momento, porque en el Club tenemos algunas joyas destacadas en las vitrinas, ejemplares de sus propias marcas firmados por Gabriel Estrada, Hombre Habano 2019, Rafael Nodal y su Aging Room Nº1 2019 Cigar Aficionado, Hamlet Paredes, torcedor de Rocky Patel con su propia línea en el portafolio de la marca y dos rarezas, una edición de Davidoff fabricada exclusivamente para el expresidente argentino Carlos Saúl Menem (que también llegó a estas extremaduras de la mano de Gabriel Estrada) y una edición de Tabacalera Santiago de Nicaragua, conmemorativa del 31 aniversario del FSLN, entregada en mis manos por mi entrañable amigo y hermano Raúl Escobar Poblete y de la cual aún sobrevive un ejemplar en mi humidor.

En parte es nostalgia, en parte afecto, en parte ostentación, no hay egos pequeños en el mundo del tabaco, aun cuando algunos lo saben disfrazar muy bien, algo de eso se representa en una imagen que representa justamente la ostentación, pero también la fraternidad, juntar en una foto una porcelana Cohiba Siglo VI (obsequio del buen Tony Pichs), un Gurkha HMS de valor monetario impagable (otro obsequio de Gabriel), un whisky del que solo sobreviven dos o tres botellas cerradas en el mundo y algunos billetes fue un juego, pero también una señal, porque hay cosas que el dinero no puede comprar y aun cuando lo lancemos arriba de la mesa, su poder adquisitivo habrá de perderse frente a la fuerza afectiva que a veces pueden tener las cosas.

Saber que no todo tiene precio es un plus por más que con @cigarvoss siempre riamos diciendo que “la dignidad no tiene límite, tiene precio”, fumar en sí es un acto revestido de dignidad, el fumador tiene la obligación de la fraternidad, del abrazo y la risa fácil, y si no lo logra, seguro su fumada es amarga, su tabaco no tiene tiro, su quemada es irregular, la ceniza se le desploma a cada calada y fuma en solitario porque no tiene nada que compartir.

Hay lugar para las historias familiares incluso entre las botellas, prueba de ello es que en medio de la colección de porcelanas destaca un regalo de @cigarvoss (¡cuántos regalos recibe este tipo!), una antigua botella de Armagnac producida en la Viña de la Quinta Normal, en Santiago de Chile, esa misma viña que fue la razón por la cual el primer Texier desembarcó en Chile, casado en el viaje por el capitán del barco (¿nunca supo de alguien que subió soltero y solo a un barco y se bajó casado?), requerido por el gobierno de turno a fines del siglo XIX para sembrar (literalmente) las bases de un viñedo que hasta el día de hoy permanece y produce parte de las recetas y secretos que se trajo consigo desde Saint Epain mi bisabuelo analfabeto criado entre las viñas al sur del Loira en el mediodía francés.

En Smoking Garden Club somos innovadores, hacemos algo que nunca vi en otro club de fumadores, juntamos el sobrante de tabaco que queda al cortar el puro antes del encendido con el secreto objetivo de crear nuestra propia mezcla de tabaco para pipa, emulando algunas notables versiones existentes en el mercado y que incluyen un porcentaje no declarado de tabaco de puros en su composición; hemos hecho algunas pruebas con pétalos de geranio y buganvilia y el resultado ha sido prometedor, está en nuestro horizonte, y mientras tanto, intentamos llenar una caja de puros con los sombreros removidos de nuestros tabacos.

También acumulamos sombreros, ¡y calcetines!, quizás lo mejor del mundo del merchandising en mi particular apreciación, por ahí brilla, entre muchas otras, una gorra de Woodford Reserve firmada por el Master Distiller que hacen perfecto juego con las calcetas Coca-Cola que me trajo hace unos días Luis Concha y que se explica en los muchos ejemplares de latas y botellas de la marca que adornan mis paredes y abarrotan los estantes tanto en Chile como en Brasil, porque, como bien sabe resaltar cada vez que es innecesario nuestro amigo Aldo Manquez: “Yo vivo en Brasil”.

El Club es para muchos su segunda casa, acá dejan algunas de sus botellas, dejan guardados y a buen recaudo los tabacos que no caben en su humidor, o los que desean guardar aquellos que no tienen humidor, en estas paredes hay pipas que esperan la visita de sus dueños para ser fumadas, hay cafetera y café gracias a un buen amigo que nos dejó una bella máquina italiana en concesión eterna, aquí no hay hora de apertura ni de cierre porque lo único que se requiere para estar son sus deseos de fumar y compartir.

Bajo esta nube de humo, confluyen fanáticos del fútbol, béisbol y fútbol americano, del billar y el póker, de religiones y ateísmos, de izquierdas y las otras izquierdas, todos siempre amigos, siempre alegres, siempre fraternos, porque sabemos, siempre, que está todo el zoológico representado (descripción de propiedad de Raúl Escobar, acuñada en alguna noche de ágape hace poco menos de una década), lo único que no hay son abstemios y no fumadores porque sabemos a ciencia cierta, como en la paradoja de Mario Puzo cuando hablaba de la lealtad, que en un hombre (o mujer) que no bebe ni fuma, no se puede confiar.

Los mafiosos saben, a ciencia cierta, que la lealtad no existe, por eso castigan tan severamente a los que se atreven a dudar de ella”

Mario Puzo

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí