J. C. Newman Cigar Company, Made in USA

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J. C. Newman Company, la más antigua de EU
J. C. Newman Company, la más antigua de EU

Todo comenzó en Koronch, en el extinto Imperio Austrohúngaro en 1875; en mayo de ese año nace Julius Caesar Newman, hijo de una familia campesina que poseía la única casa de ladrillos de la aldea y quien, con su madre, hermano y hermanas alcanzarían al resto de la familia en Cleveland, Estados Unidos, en 1889, para perseguir y lograr el sueño americano: fundar en el granero familiar el imperio tabaquero que hoy en día es J. C. Newman Cigar Company, un gigante de 126 años con un legado de cuatro generaciones y fábricas en Tampa, EU, y Estelí, Nicaragua; una sociedad con Tabacalera A. Fuente en República Dominicana, una producción de 35 millones de cigarros al año que se distribuyen a 61 países a través de una veintena de marcas, y una familia conformada por casi mil personas.

Es una gran historia familiar de la tabacalera estadounidense más antigua y en pie, una institución cigarrera Made in USA que forma parte de los archivos históricos del tabaco nacional. Don Eric Newman dirige la empresa junto con su hermano Bobby, y su hijo Andrew Newman, consejero general.

Eric, su hermano Bobby, y su hijo Andrew Newman.

El legado de Julius: tenacidad, perseverancia y gratitud

En su Autobiografía, Julius Caesar cuenta que, a los 14 años, sin hablar inglés, era complicado tener trabajo pero no tenía tiempo que perder, simplemente, sus sueños no podían esperar, así que aprendió rápido a identificar los letreros de Help wanted, y entraba a donde quiera que veía el anuncio. Hasta que sus hermanos le consiguieron un trabajo en una buckeye cigar shop, nombre usado en los días previos a la Revolución Cubana para describir una pequeña fábrica de cigarros en los Estados Unidos; de hecho pagaron 25 dólares para que aprendiera el oficio de torcer puros. “Podría trabajar cuatro meses por el privilegio de aprender el negocio, sin recibir salario. Descubrí que mi trabajo principal era acarrear cubos de carbón para mantener el lugar caliente y salir a buscar cerveza para los fabricantes de cigarros, pero mientras tanto, aprendí mi oficio. Me consideré afortunado de que a los 14 años mi carrera en la vida ya estaba en marcha”. Terminó su periodo de aprendiz y comenzó a trabajar en serio. A los 17 años decidió probar suerte en Nueva York con uno de sus amigos y compañeros de trabajo, de la misma edad. Emprendieron el viaje con sólo el dinero suficiente para el pasaje de ida. Julius era ese tipo de persona.

Julius Caesar Newman.

En solamente dos días consiguió un trabajo en una fábrica de puros. Duró allí solo dos meses, ya que sus padres le escribieron largas cartas llenas de dolor por su ausencia. Entonces volvió a casa y a su antiguo trabajo hasta principios de 1894, porque en 1895 la crisis económica provocó un pánico financiero; fábricas cerraron gradualmente, el desempleo fue abrumador, y alcanzó a Julius, quien, al verse sin cómo aportar económicamente a la familia, decidió hacer su propia mesa de puros con tablas viejas y convertir el granero familiar en una one-man-factory.

“Primero tenía que recibir pedidos, ya que no tenía capital; así que fui al salón del barrio y le expliqué que estaba a punto de iniciarme en el negocio de la fabricación de puros. Pedí y recibí un pedido por la colosal cantidad de 500 puros. Luego, el tendero de la familia me dio un pedido de 500 cigarros y, con algunos prospectos exitosos más en mi lista, tenía pedidos totales de alrededor de dos mil 500 unidades. Calculé que esto requeriría alrededor de 50 dólares en tabaco y, dado que mi capitalización total era de 65, estaba en el negocio. Pagué mi pasaje de tres centavos hasta West Ninth Street, y allí le compré dos paquetes de tabaco a un tabaquero. Lo llevé por el mismo medio de transporte a mi fábrica el granero”, nos relata en Smoke Dreams, an autobiography by Julius C. Newman.

Una semana después de abrir su negocio, entregó y cobró en efectivo su primer pedido. Estaba listo para producir más, mucho más, y esa one-man-factory no dejaría de producir durante los siguientes 126 años… y contando. Entusiasmado, recorrió la ciudad y encontró una sucursal de la William Edwards Company, tienda de mayoreo en ese entonces, que le hizo ¡un pedido de 10 mil puros!, “¡casi me caigo!”, confiesa.

Allí comenzó todo: contrató a otro torcedor y con su ayuda hizo otra mesa y en tres semanas completaron la entrega. “Siempre estuve agradecido con esta empresa, que siguió siendo mi cliente durante 55 años, hasta que cerró. John D. Rockefeller fue uno de sus contadores en algún momento. Todavía estaba soltero, así que nadie se opuso a que trabajara de 60 a 70 horas a la semana”.

Se mudó del granero a la casa (era imposible, sin calefacción, trabajar durante el invierno), pero el fuerte olor a tabaco impregnaba conservas y mermeladas en el sótano y su madre fue bastante clara: o te vas o dejas de hacer puros.

El primer lugar de trabajo de J. C. Newman.

Días después rentaba su primer local, el piso de un edificio, por 20 dólares mensuales. Para entonces ya contaba con cinco trabajadores. Allí duró tres años, siguió creciendo, con mucho trabajo, con mucho sacrificio, y volvió a mudarse a un lugar más grande, con tienda minorista, un espacio de fábrica en la parte trasera y un piso más arriba.

“Luego me mudé a una nueva fábrica en West Ninth, donde tenía espacio suficiente para

75 a 100 trabajadores. Mientras tanto, tuve que trabajar más duro que nunca para mantener la fábrica en producción. Pasaba todas las tardes visitando tabernas tratando de obtener pedidos, las tabernas eran grandes minoristas de puros en esos días. Pasé dos o tres noches a la semana cobrando cuentas; las otras noches las dediqué al colegio y a un curso por correspondencia en el que me había matriculado con ilusión. Cuando me mudé de la fábrica de producción casera a la tienda, contraté a mi primer vendedor, un hombre de mi edad”.

En 1902, a medida que el negocio aumentaba gradualmente, Julius contrató a una joven de unos 20 años, de Zanesville, Ohio, llamada Katherine White. Había sido maestra de escuela durante dos años, era soltera y pensaba que la vida sería más atractiva en una gran ciudad. Se hizo tan indispensable que de contadora pasó en dos semanas a Gerente de la oficina, luego Secretaria Financiera…

“Si alguien quería dinero, incluyéndome a mí, tenía que obtener su visto bueno. La señorita White era una mujer pelirroja, escocesa-irlandesa, recta, y llevaba un arma para protegerse cuando llevó nuestros fondos al banco. Cuanto más tiempo se quedaba, más eficiente se volvía y pronto se hizo cargo de muchos de mis problemas y preocupaciones. A veces me preguntaba cuál de nosotros era realmente el jefe, ya que yo siempre tenía que informarle. Permaneció en nuestra firma durante 15 años, una persona fiel y de confianza que hizo mucho para promover nuestro progreso. Hasta el día de hoy, debo gran parte de nuestro éxito a su esfuerzo y capacidad”.

Newman Family

La primera marca de puros reconocida que fabricó la llamó ABC. La etiqueta era sencilla y mostraba un tranvía con los nombres de Akron, Bedford y Cleveland. Hacia 1905 presentaron una marca llamada Dr. Nichol, en la anilla aparecía la fotografía de un médico de barba blanca y la leyenda: One after each meal, or oftener, if desired, firmada por A. Nichol, M.D.

Muchos acudían a la empresa de Julius preguntando por el Dr. Nichol y esperando encontrar a un hombre con barba blanca.

El nuevo cigarro contenía una combinación de tabacos nacionales (de EU) e importados (principalmente de Cuba); la capa era Sumatra comprada en Holanda en donde por cierto se hizo mucho del arte vitolfílico de las marcas de los Newman. Con este tabaco se hacían puros populares, de cinco centavos, pero los impuestos se fueron a las nubes y fue imposible mantener el bajo precio de esta línea. La hoja de capa de La Habana se usaba especialmente en los puros de mayor precio (10 y 15 centavos). Por lo tanto, se sustituyó por una capa cultivada en Connecticut de un tabaco llamado Connecticut Broadleaf. Solo “se usó la punta de esta hoja grande como sustituto de la capa de La Habana, y el resto como tripa, lo que produce un puro de buen sabor y fina combustión”, cuenta J. C. en sus memorias.

Al parecer fue el primero en usar el tabaco Broadleaf. “Comencé a experimentar usando la hoja entera, cortándola en tres capas para cubrir tres puros. Con esto hice un nuevo cigarro de cinco centavos al que llamé Judge Wright (Juez Wright). La etiqueta del cigarro tenía la imagen de un juez astuto con la pequeña leyenda: El Juez Wright siempre tiene la razón. Por cierto, este cigarro mostró más ganancias que el Dr. Nichol, así que comencé a promover la venta de ambos”.

Otro éxito más que terminó siendo, hacia 1916, el cigarro popular líder de Cleveland. Muchos fabricantes trataron de copiarlos, en vano. Y nuevamente, su fábrica le quedó pequeña. No había suficiente mano de obra para la demanda. Abrieron un nueva fábrica, esta vez en Lorain, Ohio, una ciudad no muy lejos.

Una noche, el superintendente de una de las grandes compañías de puros con sucursal en Cleveland visitó a Julius en su casa y preguntó cómo era posible que una pequeña empresa pagara a su superintendente más dinero que su empresa, que tenía un capital valorado en millones de dólares.

“Le expliqué que mis empleados clave eran vistos como asociados y que, dado que no tenía socios, era mi deseo que compartieran proporcionalmente el progreso que estábamos haciendo. En cierto modo tuve suerte, porque la mayoría de los hombres a quienes seleccioné como posibles directores de departamento demostraron ser sinceros y capaces de aceptar la responsabilidad”.

Y aquí surgió quizá el valor más importante y el mayor legado que le hizo Julius C. Newman a las generaciones venideras: sabía lo que era venir desde abajo, sabía lo que era el trabajo arduo, lo que le costaba a cada empleado trabajar muchas horas para llevar el pan y luchar por sus sueños.

Muy joven fundó su empresa pero también muy joven aprendió lo que es necesitar ayuda. Nunca vio a los empleados como tales, o al menos siempre se ponía en sus zapatos. Cada año organizaba una fiesta para todos los trabajadores a la que también asistían los ejecutivos. And all were called the Newman Family.

Familia, así veía Julius a todos sus trabajadores. Al concluir la Primera Guerra Mundial, y con 28 años de edad, Julius C. Newman tenía la fábrica de puros más grande de la ciudad de Cleveland.

Con 28 años de edad, Julius C. Newman tenía la fábrica de puros más grande de la ciudad de Cleveland.

Tampa

El negocio siguió prosperando, y después de la Segunda Guerra Mundial, los hijos de J. C., Stanford y Millard Newman, regresaron del servicio militar y se unieron a la empresa. Stanford era responsable de las operaciones de fabricación de puros y Millard supervisaba las ventas de la empresa.

No obstante, en 1954, después de hacer un estudio cuidadoso de los diversos productos con precio, Julius vio que los Puros Premium, como los habanos, estaban en aumento, y especialmente los fabricados en Tampa, Florida, que en ese entonces era la capital del cigarro con una producción de más de 300 millones de unidades al año.

Trasladar toda la operación de la familia Newman a Tampa era un movimiento arriesgado, enorme, pero J. C. sintió que era vital para la supervivencia de su negocio. “Si queríamos permanecer en la industria. No solo movimos la maquinaria, la organización supervisora, incluidos el superintendente, el capataz, el ingeniero y los mecánicos, sino que planificamos una política de ruptura en nuestra propia organización”.

Así que envió a su hijo Stanford a buscar una nueva fábrica y comenzar las operaciones de prueba. Stanford encontró una ubicación ideal en una emblemática fábrica de cigarros en Ybor City, el distrito central de fabricación de cigarros de Tampa, fundado en 1886 por el legendario revolucionario cubano Vincent Ybor. Construida en 1910, la fábrica de Regensburg fue una de las últimas y más grandes fábricas de cigarros jamás construidas en Tampa. Como todas las de la ciudad, Regensburg tenía un apodo: El Reloj. Durante generaciones, los residentes se habían levantado y retirado al son de las campanas que suenan cada hora desde su torre de reloj de ladrillo. Después de décadas de silencio, el emblemático Reloj volvió a sonar gracias a una restauración cariñosa de la familia Newman en 2002.

Julius recuerda en sus memorias que gastaron mucho dinero en remodelarlo y lo convirtieron en una de las fábricas más modernas de esta parte del país con todas las comodidades y conveniencias para los empleados, incluída una sala de primeros auxilios de emergencia con una enfermera capacitada a su disposición. Y lo más importante: todas las operaciones se mecanizaron por completo con la maquinaria más moderna.

“Esta ubicación fue particularmente favorable, al estar cerca de La Habana, Cuba, donde se cultiva el mejor tabaco del mundo. Quería estar en condiciones de comprar tabaco directamente de los cultivadores, y así poder seleccionar el mejor tipo y grado para nuestro producto. La mayoría de los fabricantes habían estado comprando a importadores en Nueva York y se vieron obligados a aceptar lo que se les ofrecía, seleccionando entre muestras. Al estar en el lugar donde realmente se cultivan y procesan los tabacos, tendría una oportunidad mucho mejor de ver el producto crudo y hacer mi propia selección”.

En 1958, a la edad de 83 años, Julius C. Newman muere, y Standford asume formalmente la dirección de la compañía. Ya en Tampa sabía que si la empresa iba a seguir teniendo éxito, tendría que adquirir una marca premium existente. Entonces, cinco meses después de la muerte de su padre, compró la marca Cuesta-Rey de renombre internacional, propiedad Karl y Anch Cuesta.

Después de ganar el título de Cuesta-Rey, cuando todos los demás fabricantes de cigarros de Tampa comercializaban su cigarro estándar en forma mazo por 26 centavos, Stanford creó un paquete novedoso: dos paquetes de 25 cigarros empaquetados en forma redonda y colocados en lujosos gabinetes de cedro aromático. Así nació el legendario cigarro Premium de 35 centavos Cuesta-Rey.

 

El mayor estercolero y la última paca de tabaco cubano en EU

En la entrevista, Don Eric Newman, siempre sonriente y afable, nos cuenta que su abuelo vistió y compró mucho tabaco cubano porque era el mejor del mundo, “y se movió de Cleveland a Tampa por una importante razón: estaba cerca de Cuba. Porque cuando se iba para Cleveland se congelaba y cambiaba su sabor. Esta fue la razón por la que movimos las operaciones a Tampa”.

Nos confiesa que hay una historia graciosa al respecto: cuando Julius y su hijo Standford visitaban a los cosecheros cubanos se dieron cuenta que el hacendero que tenía la pila más grande de excremento de caballo era el que mejor cosecha de tabaco tenía, “porque era el que tenía más abono”.

Así medían a quién comprar: el estercolero más grande.

De esa época el padre de Don Eric y abuelo de Drew, recuerda en su libro Cigar Family: A 100 Year Journey in the Cigar Industry, que la mayoría de los puros hechos con tabaco cubano usaban una capa oscura de color marrón chocolate, que les daba un sabor rico y robusto.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los puros hechos con una capa de color verde claro, “percibidos como de sabor más suave, se hicieron populares entre los fumadores de puros… eran difíciles de conseguir. Solo alrededor del cinco por ciento de la producción total de tabaco de capa de Cuba es naturalmente de color verde claro cuando se cura de acuerdo con el proceso tradicional, que consiste en colgar las hojas de tabaco en graneros con las rejillas de las ventanas abiertas, lo que permite que el aire fresco seque las hojas durante un período de aproximadamente seis a seis a ocho semanas. Por lo tanto, para satisfacer la creciente demanda de puros de envoltura de color verde claro, algunos agricultores cubanos de tabaco idearon un proceso elaborado en 1945 llamado curado al fuego, en el que las hojas frescas de envoltura verde se calentaban con carbón vegetal en graneros sellados y se curaban rápidamente durante un periodo de 72 horas para sellar su color verde. La capa de tabaco de color verde claro curada mediante este proceso se conoció como Candela”, cuenta Standford en su libro.

Dos marcas de puros fabricaron con la capa corona candela: Havana Coronitas y  Rigoletto Palma Grandes. A Standford se le ocurrió un truco de marketing exitoso para promocionar estos últimos, y fue empaquetando un cigarro gratis adjunto a paquetes de cinco. Este concepto de compre un paquete y obtenga un puro gratis funcionó de maravilla. Con el tiempo vendieron diariamente 250 mil puros.

“Tuvimos que comprar 20 máquinas de puros más y agregar un turno de noche para cumplir con los pedidos”. No obstante, cuando John F. Kennedy firma el embargo en 1962 y se acaba la venta de tabaco cubano para el resto del mundo, principalmente para Estados Unidos, el mayor mercado en ese entonces, se vuelve inaccesible.

Ellos guardaron una paca de la cosecha de 1958, “y cuando le preguntaban a mi padre si los puros eran fabricados con tabaco cubano, él siempre decía ¡Claro que sí!”. Y es que en esa época con sólo tener tabaco cubano en tu establecimiento, podías decir que tus puros eran hechos con ese tabaco, “¡aunque sólo tuviera media hoja!”, nos cuenta Eric.

Así como Standford, luego Eric y Bobby, y como seguramente la seguirá conservando Drew, la única paca de tabaco cubano, en su tela original, que existe en territorio de Estados Unidos, se encuentra en la fábrica Newman.

Andrew Newman, consejero general, mostrando la última paca de tabaco cubano en EU.

La familia Fuente

Después de la Guerra Hispanoamericana, el padre de Carlos, Arturo Fuente, se mudó de su casa en Cuba a West Tampa, donde fundó Arturo Fuente Cigar Company en 1912. El negocio de Fuente era en gran medida un asunto familiar. Todos los días después de la escuela, se esperaba que los hijos de Arturo, Carlos y Arturo Jr. enrollaran 50 puros antes de poder salir a jugar.

Carlos se hizo cargo de la empresa en 1960 y perseveró en momentos muy difíciles. Standford recuerda en su libro: “Carlos es mi tipo de persona: apasionado por los puros, intransigente en la calidad de su producto y con una ética de trabajo increíble. Él está en una liga por sí mismo, un verdadero visionario y el tipo más brillante que jamás querrías conocer. Además de ser uno de los mejores fabricantes de puros del mundo, también es artista, mecánico y arquitecto. Es un perfeccionista práctico, nunca satisfecho con el status quo, siempre tratando de mejorar las cosas. Carlos tiene la misma filosofía que yo: cree que la calidad siempre ganará al final”.

Invirtió constantemente sus ganancias en aumentar su inventario de tabaco, asegurándose de que se envejecerá adecuadamente. Una persona increíble que realmente se levantó por sus propios medios. Con el tiempo, Carlos convirtió a Arturo Fuente en una marca de Tampa bastante exitosa.

Para competir más eficazmente en la creciente categoría de cigarros hechos a mano importados, Carlos abrió una segunda fábrica de cigarros en Nicaragua en 1976. Trágicamente, su fábrica se incendió durante los levantamientos de Samosa. Para no desanimarse, estableció una nueva operación en Honduras.

Su segunda fábrica tuvo un destino similar. Carlos no era de los que se rendían ante la adversidad y en 1980 abrió otra fábrica de puros en Santiago, República Dominicana. Mientras tanto, el hijo de Carlos, Carlito Jr., continuó supervisando la operación en Tampa. A mediados de la década de 1980, su negocio artesanal en la República Dominicana estaba realmente despegando, mientras que su negocio hecho a máquina estaba en declive como el de todos los demás.

Si en algo innovó J. C. Newman Cigar Company, entre otras muchas cosas (por ejemplo fueron los primeros en ponerle celofán a los cigarros), fue la mecanización para la fabricación de sus cigarros. “Fue en estas circunstancias que Don Carlos Fuente vino a visitarme en marzo de 1986. Después de que nos preguntamos acerca de las familias de los demás e intercambiamos algunos agradables, llegy al motivo de su visita. Stanford, quisiera cerrar mi fábrica aquí en Tampa. Preferiría no eliminar por completo nuestro negocio hecho a máquina, y me preguntaba si consideraría hacer nuestros cigarros hechos a máquina en Tampa para nosotros. Carlos me mostró los precios que estaba obteniendo por sus cigarros hechos a máquina y calculé rápidamente cuánto nos costaría hacerlos.

Este fue el diálogo entre ambos:

– Carlos, no puedo obtener ganancias con esto-, le dije. Pero te diré una cosa: No me importa si gano algo. Haré estos puros para ti, pero quiero que me hagas un favor a cambio. La única persona en todo este mundo a la que confiaría para hacer cigarros importados para nosotros es usted. He buscado y buscado gente para hacer cigarros hechos a mano y no he encontrado a nadie con quien esté satisfecho. ¿Harás algo para nosotros?”

– Claro que lo haré-, dijo Carlos.

– Esto es lo que quiero hacer: Tenemos una marca llamada La Única que adquirí de Karl Cuesta. No voy a hacer nada con ella, pero me gusta la marca. No conozco el mercado artesanal tan bien como tú, así que, ¿qué tal si seleccionas las cuatro formas que crees que se venderían mejor? Entonces, creemos una mezcla de tabaco que nos guste a
ambos.

Standford Nwman

Standford le explicó que quería vender La Única en paquetes en lugar de cajas. Al eliminar el costo de las cajas, podrían ofrecer un cigarro de mayor calidad y transferir los ahorros al consumidor a precios más bajos. Sin embargo, a Carlos no le gustó ninguno de los cigarros, la mayoría eran de picadura, generalmente por aprendices sin experiencia, y de calidad inferior.

Se decidió todo lo contrario. Dijo: “Pongamos la palabra en español Primeros en la etiqueta. De esa manera, todos pueden decir que estos son puros premium. Los colocaremos en 300 tiendas durante seis meses y veremos cómo va”.

Cuando presentaron La Única Dominican Primeros en el verano de 1986, fue el primer cigarro premium vendido en paquetes. Eligieron usar tripa y capote dominicano con capa Connecticut tanto natural como maduro. Vender La Única requirió cierto esfuerzo porque era más caro que cualquier otro cigarro empaquetado en el mercado. Stanford confiaba en que los consumidores pagarían el precio más alto una vez que se dieran cuenta de qué era mejor fumar.

No se equivocó.

Desde entonces la amistad entre las familias se consolidó y los Newman se volvieron distribuidores de todas las marcas de Arturo Fuente en Estados Unidos, además de hacer sus marcas hechas a mano en Dominicana.

Perseverancia

Don Eric Newman nos relata que durante la Gran Depresión en la década de los 30, nadie tenía dinero. “Un día mi padre va con mi abuelo a pedir un préstamo al banco. El banquero no les dio dinero, pero ellos alegaron: Mira, todas las fábricas están en llamas, las están quemando para cobrar el dinero de los seguros. Yo soy una gente honrada, no estoy quemando mi fábrica, yo sólo necesito dinero para salir adelante”.

No recibieron el dinero, por su puesto, pero mantuvieron el orgullo intacto: J. C. Newman Cigar Company no había tenido ningún accidente, ningún incendio. Es una fábrica que ha sobrevivido no sólo a la Gran Depresión, sino a dos Guerras Mundiales, la pandemia de 1920 y ahora la del nuevo coronavirus. Crisis vienen, crisis van, y la fábrica sigue de pie, fuerte, con mucho futuro por delante.

¿Por qué sigue en pie, qué hicieron los Newman donde otras fábricas fallaron? Perseverancia, responde Drew. Esa es la palabra. “De estos 126 años por lo menos 100 han sido muy difíciles, de muchos retos, pero mi familia, durante esta centuria, ha mantenido la calidad de los tabacos”.

Si Estados Unidos fuera una monarquía, y existiera el reino del tabaco, sin duda los Newman serían parte de la realeza. “¡Oh no! Sólo fue suerte”, responde Don Eric, “porque mi abuelo y mi padre les gustó el negocio, y yo que soy la tercera generación, tuve la suerte y fortuna de que mi hijo fuera más apasionado en este negocio que yo. Como padre tengo la suerte de que mi hijo tuviera ese amor y pasiyn, ¡desde los cinco años!”. Una gran sonrisa por el orgullo por su hijo se dibuja en su rostro.

Y acá un dato que deben saber: en la anilla de la marca Julius Caeser, que representa al emperador romano, el rostro no es el original, sino que se trata de una foto real de J. C. Newman vestido de emperador y dándole un efecto de pintura en la anilla.

El arte vitolfílico de los Newman es hermoso, sus anillas tienen una calidad artística de alto nivel, y la de Julius Caeser es de las más bellas que tienen, una creación ciento por ciento del bisnieto, Drew, a manera de homenaje y reconocimiento al hombre que sentó las bases y construyó un imperio.

El futuro

Bueno, con 26 marcas, la verdad es que el universo J. C. Newman es amplio y diverso. Sus vitolas más producidas y mejor vendidas en el mundo son Quorum y Brickhouse (¿se acuerdan de la casa de ladrillos en Koronch?). Sin embargo, se reúnen en tres grandes grupos.

Nicaragua: Alcázar, Brick House, Don José, Don Seville, El Baton, Perla del Mar, Yagua, Havan Q y Quorum.

República Dominicana, hechos por Tabacalera A. Fuente, completamente a mano: Diamond Crown, MAXIMUS, Julius Caesar, Black Diamond, Cuesta-Rey y La Única.

Estados Unidos: Decisión, El Reloj, Factory Trowouts, Mexican Segundos, Tampa Trolleysy Trader Jacks. Así como The American, el blend creado por la cuarta generación, Drew

Newman.

Dice Drew que como fábrica, su objetivo es seguir mejorando cada una de sus marcas, “porque siempre las podemos mejorar, porque si algo nos ha distinguido es la calidad, y es algo que no hemos dejado de buscar desde el inicio”.

Y seguirán innovando durante otros 100 años: fueron los primeros en usar celofán, losprimeros en usar Broadleaf, los primeros en mecanizar completamente la producción ytras el embargo a Cuba, los primeros también en importar la capa de Camerún, además

de pioneros en saltar a cepos más grandes, al ser los primeros en sacar un ring 54.

Por lo pronto trabajan en su fábrica de Tampa en un cigarro 100 por ciento american
product
 y creado por Drew: capa, capote y tripa de tabaco sembrado en Estados Unidos,
la madera de las cajas, todo Made in USA. Drew, la cuarta generación de los Newman,ya trabaja en ligas nuevas, y piensa, por primera vez, introducir el tabaco mexicano, el

Negro San Andrés.

¿Qué papel juega el mercado latino para J. C. Newman Cigar Company? La respuesta es corta y contundente: “El corazón y el alma de la industria del tabaco es latinoamericano, por ello para la empresa es sumamente importante… Es más, trabajamos ya en una nueva liga con tabaco 100 por ciento Estados Unidos y México. Espero crear este puro el próximo año, y se llamaría Latinamerican”.

Siempre que se pregunta a uno cómo quiere ser recordado se siente un tipo deescalofrío, es como si nos acercaran la muerte. Siempre es una pregunta difícil, se tenga

la edad que se tenga. Pero no quisimos dejar de preguntarle a Don Eric, actual presidente de J. C. Newman Cigar Company, cómo quería ser recordado, y justamente, como “una persona que hacía buenos puros, pero más que nada, alguien que trataba a sus empleados como a su familia”.

Y volvemos a las bases que le dejy Julius a Standford y a su vez a Eric y Bobby. “Mi padre decía: Siempre hay que ser bien justo con tus clientes. Y como nadie lo hacegratis, es un negocio, hay que tratar bien a tus proveedores y a tus trabajadores. Esa esla regla. Porque, si tu objetivo es hacer puros baratos, vendrá alguien que los hará más baratos que tú. En cambio, si vendes algo buscando la máxima calidad, durarás 100

años”.

De las 42 mil fábricas registradas que tenían que ver con la venta o manufactura de tabaco en Estados Unidos en 1895, hoy sólo la compañía que fundó Julius Caesar Newman sigue intacta, creciendo, viviendo el american dream, esperando, con esperanza, que la nueva generación se sume a esta centenaria aventura familiar… y Drew nos asegura que sí habrá quinta generación.

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