El mito de la anilla. Sí o no

Haciendo Amigos 

Por Fernando Sanfiel

Un tópico palmero: la vitola, anilla o anillo

Hola a todos los que ya me siguen y gracias por los correos recibos con palabras que me llegan al alma. Vivir es mi pasión y conocer gente me da la oportunidad de, entre otras cosas, no estar solo. Bueno, es broma.

Hoy quiero compartir con ustedes varias anécdotas que han documentado mi visión sobre la anilla de los tabacos, cigarros puros o simplemente puros.

La anilla es una parte importante, a nivel estético, en la habilitación de un tabaco. Y para el fumador es una seña de identidad personal y muchas veces de prestigio personal con el que muestra su estatus o de “empoderamiento” ante los demás fumadores. 

Hay quien habla sobre que “en el comienzo de los tiempos” del tabaco, se entiende, los tabaqueros le ponían una anilla a los tabacos para proteger las manos y guantes de la aristocracia fumadora, británica sobre todo, de las manchas y olor que en sus manos dejaba. Muy lejos de esta afirmación se encuentra la que comparto y que nos da a entender todo lo contrario: Es al tabaco al que hay que proteger del fumador.

El tabaco, como ente inanimado, solo es tocado por el fumador y son sus manos quien le transmite elementos del medio en que fuma, humedad, gotas de bebida o simplemente el sudor de sus manos. Este es el motivo de que a los puros no se les debe sacar la anilla al fumarlos. 

Bien, dicho esto, les introduzco en la primera de las anécdotas. No sin antes recordarles que nosotros, los palmeros, a la anilla la llamamos Vitola… de siempre. Pero eso será otro día.

Durante el inicio de esta, eso que llaman crisis sanitaria, me reencontré con un amigo de mi infancia, Moisés; es fumador de tabacos hace más de 30 años. Y el reencuentro, como en tantos otros, se lo debo a las redes sociales que a pesar de que vive a 10 kilómetros de mi casa. Hacía 30 años que no le veía, aquí somos así.

Él es “mi panadero” y además es piloto de rally. Por las redes me ofreció su pan y para colmo traérmelo a casa cada día. No pude resistirme a ese lujo y hasta hoy nos vemos a diario. Y a mí que me gusta lo bueno; no puedo comer pan del siglo XXII. Me resisto y lo como del siglo pasado, artesano.

Después de encargarme que seleccione su fuma personal cada mes, a modo de alabanza palmera, me dirige una amenazante frase que me ha dejado muy regocijado y ya está en mi archivo de anécdotas: “30 años fumando puros y viene el mago este y me demuestra que no tenía ni p… idea de fumar. Yo he estado fumando m… 30 años”. ¡Ni se me ocurre recomendarle otra cosa que lo que yo fume!

A lo que iba. Un día me invita a fumar pero me advierte “que sea a su estilo” no al mío. Pues “yo fumo al estilo mago, con anilla”. Y me pone en antecedentes sobre lo que mi primo materno Oristel El Cubanito

Oristel era fabricante de puros de mi familia y un día le había “instruido” sobre qué fumar con anilla era de magos (personal del campo, agricultor sin cultura y generalmente brutos).

Esta anécdota me pone en antecedentes y nos deja al descubierto la idiosincrasia isleña para buscar soluciones o argumentos ante la adversidad y para justificar su defecto o carencia, cargando las tintas a la versión que no le favorece.

En los años 50, en el comienzo de la segunda crisis de tabaco en la isla, eran muchos los chinchales que hacían tabaco como un sistema de mera subsistencia y por tanto todo que supusiera un coste era suprimido del escandallo de fabricación del puro. Creando así una versión muy palmera sobre el uso de la anilla: “Fumar con anilla es de mago”, para justificar por qué no se gastaba el dinero en ponerles anilla y para hacer creer que sus puros eran para gente de altos vuelos. Esta forma de justificar esta carencia se extendió por los chinchales o talleres tabaqueros pequeños que solo vendían sus tabacos en mazo de 50 y con una faja, muchas veces, de papel de periódico. Este “dicho palmero” perdura hasta hoy en día.

La segunda anécdota la saco de mi charla con un tocayo mío, Fernando, en el que repasamos el tópico palmero y la realidad de un mundo del tabaco que a veces nos supera como isleños y muchas veces, demasiado tiempo apegados al terruño, que nos hace ver la isla como “el todo”.  Que otro lugar no existe más allá del mar, donde las cosas pueden ser diferentes y tiren abajo nuestra rotunda afirmación.

Me decía Fernando: “A mí me enseñó Davidoff que la vitola no se quita. Hay que esperar que llegue a su último tercio. Porque cuando llega a su último tercio la vitola se despega sola y no se rompe”.

Parece un aspecto baladí pero la anilla, la que cogemos con nuestros dedos durante muchos minutos y son esos dedos con los que transmitimos al tabaco nuestro sudor y fluidos al tabaco, contaminándolo. Es esta una de las señas de identidad de un tabaco Premium, se desprende sola al final, no está pegada a la capa y no la rompe.

Pero como siempre: Esta es mi opinión, la de los palmeros es otra y la de Davidoff otra y para opiniones y gustos, por lo que debemos hacer es respetarlos y adquirir nuestros propios hábitos. Los que nos hagan sentir más cómodos y nos aporten ese momento que buscamos al fumar un tabaco, el que sea, del formato que sea, con anilla o sin anilla.  

Ahora agarren su tabaco, quítenle la anilla… o no y tomen mi deseo de buenos humos para los que me siguen y para quienes les van a decir que esta aportación les da para fumar un tabaquito y pasar un buen rato. 

Los isleños somos así, que hasta a vosotros les decimos ustedes.

Hasta la próxima.

1 COMENTARIO

  1. Interesante, a mi me enseñaron que siempre con anilla, no por presumir de lo que estoy fumando, sino así das a entender cuál es el cigarro que te gusta o le gusta a tu anfitrión para un futuro obsequio.

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