El legado Turrent

César Salinas

El epicentro tabacalero mexicano hoy es, sin duda, San Andrés Tuxtla: allí están las principales fábricas de tabaco para exportación y elaboración de puros, y en sus comunidades de Calería y Sihuapan se encuentran las plantaciones más importantes. Y de entre todos los apellidos ligados a la industria, Turrent se alza en la cima. Su historia se remonta hasta 1790, cuando desembarcó Antonio, venido de Barcelona, y llegó a Los Tuxtlas y cuya prole cambió el rostro del tabaco nacional.

Estoy sentado en el despacho de Ricardo Turrent Alonso, dueño de la Gran Fábrica de Tabaco Ricardo Turrent y presidente de la Asociación Nacional Mexicana de Productores de Puros, que agrupa a pequeños torcedores con marcas como Puros Don Ramón, Catemaco, La Joya de San Andrés, Bucareli, Comandante, Torcedor, Valle de la Iguana, Legendaria y quien ha sacado al mercado independiente grandes marcas como TS 1532, La Vega Divina y Ricardo Turrent, con tabacos de más de 13 años de añejamiento.

Es, además, un comprometido en impulsar a los torcedores independientes, quienes no hay duda, actualmente están elaborando los mejores puros mexicanos desde sus pequeños chinchales (fábricas), en el patio de sus casas o en sus talleres artesanales.

Pero no sólo eso, su enciclopédico conocimiento sobre la planta y sobre la familia Turrent es asombroso, y me abrió las puertas para contar una historia poco conocida hasta ahora.

Su primer recuerdo es “caminando en los tabacales en la oscuridad, porque se iniciaba 5:00 o 5:30 am, a esa hora me iba con mi papá a los tabacales, tenía unos cuatro o cinco años. Andaba entre las plantas con dos o tres personas cuidándome en lo que mi padre encabezaba la siembra”.

Eran siembras de temporal, que se hacían de mayo a septiembre, y la segunda, de octubre a diciembre, y su cosecha en enero o febrero. “Mi padre era un hombre muy meticuloso, la gente tenía que hacer lo que él decía y como lo decía, planeaba las actividades semanas antes porque no había comunicaciones”.

Ricardo tiene 47, “pero ponme 39 por favor”, bromea. Recuerda que su padre tenía a su cargo en el campo a alrededor de 3 mil personas, y se usaban 100 yuntas y 200 bueyes, “decían que cuando las yuntas se atravesaban de un terreno a otro paraban el tráfico por dos o tres kilómetros”.

ANTONIO DE BARCELONA, EL PRIMER TURRENT

Los bisabuelos de Ricardo iniciaron entre 1855 y 1860 la primera siembra de tabaco de la familia, aunque ya desde 1840 se había iniciado la siembra comercial en la zona. Había cultivos de españoles, cubanos, holandeses, alemanes, ingleses y estadounidenses. Durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna se dio la liberación de cultivo en todo el país mediante ciertas modificaciones a la ley, pues estaba prohibida la siembra de tabaco en ciertas zonas como en los ejidos.

Así empezó el auge perdido en la Independencia, y se buscaron nuevas tierras tabacaleras, una de las cuales era San Andrés, donde ya se sabía que había buen tabaco. El auge en Veracruz se dio a partir de 1850. “Se dice que primer Turrent llegó a México en 1790 aproximadamente, proveniente de Barcelona. Joven de 18 o 19 años, se casó con una muchacha de San Andrés de apellido Cinta, con la que tuvo un hijo y una hija”, cuenta Ricardo.

En julio de 1793 el volcán de San Martín hizo erupción, “ese Turrent llegó a San Andrés por algún motivo, rentaba una casa en el centro, de teja, y dicen que una piedra volcánica destruyó una parte, y fue a levantar una acta para constatar que él no fue el causante. En ese documento quedó asentado el hecho, y es el registro que mi bisabuelo tenía del primer Turrent en México”.

Ni Antonio ni su hijo se dedicaron a la siembra de tabaco. Sin embargo, el hijo de Antonio tuvo otros 7 hijos con una muchacha de apellido Vázquez, todos los cuales sembraron tabaco. Así, la tradición tabacalera comenzó con los Turrent Vázquez.

“Se sabe que en alguna fecha de 1850 llegaron a San Andrés unos parientes de Cuba sembradores de tabaco, a quienes los Turrent obsequiaron puros sembrados y hechos en la región”. Sorprendidos por la calidad del regalo, preguntaron cómo le hacía para traer esos puros de tan lejos, pensando en que eran cubanos. Al saber que eran originarios de Los Tuxtlas, persuadieron a los Turrent para que se dedicaran a la siembra comercial, “porque el tabaco estaba muy bueno”.

Antonio Turrent Cinta fue el primero, después su hijo Alberto Turrent Vázquez se cascó con una señora de apellido Carrión, a finales de 1890, quien tuvo dos hijos varones, el mayor, Ricardo Alberto Turrent Carrión nacido en 1894, y el segundo hijo varón, Alberto Turrent Carrión, nacido en 1901, este último padre de Alberto Turrent Cano, dueño de la fábrica de puros Te Amo.

Entre 1860 y 1925, los siete hermanos llegaron a sembrar más de mil 500 hectáreas de tabaco. “Y estaba la familia Carrión, que sembraban también otras mil 500 hectáreas, hasta antes de la Revolución”.

Para 1925, los ranchos de la familia contaba alcanzaban las 12 mil hectáreas entre Catemaco y San Andrés. Estos terrenos se compraron a militares, quienes los habían recibido del gobierno de Benito Juárez luego de que se los quitara a la iglesia. Los terrenos de los Turrent pertenecían originalmente al fundo de la Virgen del Carmen, de Catemaco.

“Mi abuelo era el hijo mayor, y estaba al frente de todos los negocios. Se fue a Texas a estudiar contabilidad e idiomas, y regresó al frente del ganado, de la siembra de tabaco, pero le tocó la Revolución Mexicana, la Primera Guerra Mundial, épocas importantes pero difíciles. Lo mataron a los 33 años, en 1925, cuando se estaban creando los ejidos”.

Tras el asesinato, el hermano menor que tenía poco más de 20 años, se hizo cargo de las siembras, no estudió pero le decían El Burro de Oro, “porque tenía mucho dinero, mucho oro, y tuvo como 25 hijos, de los cuales sólo reconoció a tres: Alberto, Miguel y una mujer, Asunción.

Su abuelo sembró alrededor de 700 hectáreas en San Andrés sin usar tractor, sólo con yunta. Antes el tabaco se secaba colgando toda la mata, que medía 1.2 metros de altura, en cujes de caña.

“Ahora el proceso es distinto porque la variedad del tabaco ya no es tan buena como antes. La hoja ya no tiene tanta cerilla ni nutrientes volcácnicos como antes, hoy la hoja se pudre si se seca cortando el palo. Además, antes la tierra era más virgen y había rotación de cultivo. Actualmente se siembra tabaco y luego se siembra más tabaco y la tierra no recupera sus nutrientes”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, en los años 40, se dejó de sembrar por unos años tabaco, y todos los compradores europeos (alemanes, ingleses, holandeses) y de Estados Unidos, se fueron de México. Fue hasta a los años 50 cuando se volvió a comprar tabaco en la zona, por lo que comenzó a sembrarse de nuevo en grandes cantidades.

Ricardo Turrent Islas toma las riendas del negocio familiar en 1950, a la edad de los 24 años. Además de la siembra de tabaco, que era en mucho menor proporción, después de la Segunda Guerra Mundial se hacían siembras de frijol y plátano, llamado también el oro verde, pues tenía mayor valor. Todas las compañías estadounidenses y europeas venían a comprar jaulas de tren llenas de plátanos. No se veían casi plantíos tabacaleros en Los Tuxtlas. Fue hasta los años 60 cuando se inició con la siembra masiva de tabaco, con tres mil hectáreas.

En estos años coincidió el auge de México con la revolución y embargo cubano. Esto, aunado a las pocas siembras en Brasil, permitió al país expandir su comercio a todo el Caribe. “México comenzó a surtir de tabaco a todo el Caribe, República Dominicana, principalmente”.

SUMATRA, SEMILLA MEXICANA

Don Ricardo Turrent Islas, su padre, fue el primero en sembrar la variedad sumatra. Después de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de holandeses que salieron de Indonesia llegaron al puerto de Veracruz (1948) y se embarcaron de nuevo hacia Holanda. Estos holandeses traían semillas de Sumatra.

Un grupo de holandeses que saló huyendo de las islas de Indonesia, pues los andaban matando después que esos países se independizaron, llegó a Acapulco, luego al puerto de Veracruz para embarcarse a Holanda. Ellos traían la semilla de variedad Sumatra.

“Uno de estos holandeses le pidieron ir a San Andrés Tuxtla, le dijeron búscate a un Turrent y devuélvele la semilla de tabaco, porque esos holandeses platicaron que años atrás un Turrent, debió haber sido mi tatarabuelo, les dio esa semilla mexicana por allá de 1850-1860, y 80 años después la variedad cambió”.

En esa época, que su padre era joven y estaba al frente de los campos familiares, y como la encomienda era entregar la semilla a un Turrent, fue quien la recibió. Al inicio no se sabían cómo sembrar la semilla sumatra, porque se echaba a perder. Se dieron cuenta de que el tabaco debía ser desojado, cortado hoja por hoja, como actualmente se hace en México.

“De ahí empezó la siembra de sumatra en México. Posteriormente, los demás productores se metían en las noches a los campos y robaron semillas, así se hicieron de esta variedad. Desde entonces la semilla ha tenido un cambio genético por cruzamiento con tabaco negro y habano traído de Cuba”.

Ricardo cuenta que ha bajado mucho la siembra de esta especie ya que el mercado prefiere el Connecticut, pero afirma categóricamente que el sumatra es mucho mejor.

SEMILLA HABANA EN MÉXICO, LEGADO

Así como su padre comenzó la siembra de sumatra en México, Ricardo Turrent trajo la semilla habana a San Andrés, trabajando directamente con Habanos SA, y junto con gente de Villiger Cigars hicieron unas pruebas y experimentos.

“En 2002 me trajeron la semilla habano y el mismo técnico cubano que vino conmigo, contratado por la paraestatal cubana, fue quien me trajo la primera semilla, no sé qué variedad. Antes de la Revolución Cubana con Fidel Castro tabaco mexicano iba a la isla para hacer habanos, y cubanos venían a fábricas mexicanas. Pero sólo tabaco en rama”, detalla.

Ricardo comenzó en 1997 haciendo siembra de sumatra y de negro, “mi papá cuando comenzó a sembrar, ya se le había olvidado, y tuvo que aprender de la gente, de los campesinos. Yo aprendí también de la gente del campo. Puedes tener una escuela previa, pero todos los conocimientos te los dan ellos”.

Comenzó con ocho hectáreas de sólo sumatra, y vendía únicamente tabaco en rama. Sus primeros intentos de fabricar puros fue en 2000, buscando alianzas con profesionales, y desgraciadamente, confiesa, no se encuentran en México ya que tras los años de gloria del tabaco mexicano los expertos se fueron.

“Cuba sigue siendo puntal, pero los expertos se encuentra en Honduras, Nicaragua y República Dominicana, no sólo los expertos, sino los reyes de la fabricación de puro artesanal”.

ASOCIACIÓN NACIONAL MEXICANA DE PRODUCTORES DE PUROS

En México ha reinado en las últimas décadas el enfoque monopolista, pero que le falta a la industria mexicana de tabaco y puros es un apoyo decidido al pequeño y mediano productor.

Actualmente el país produce unos dos millones de cigarros al año, mientras que Nicaragua, por ejemplo, produce 300 millones, República Dominicana, 400 millones, Honduras, unos 100 millones. La falta de apoyo a los pequeños productores se traduce en desempleo y migración.

“Puedes tener la fama de un tabaco muy bueno, pero si no tienes ni el uno por ciento del mercado, es no tener nada. En otros países los gobiernos le han apostado a la agricultura, pero en México desde los 80 la industria tabacalera está abandonada. En Nayarit han perdido 80 por ciento de su siembra, lo mismo que en San Andrés”.

En Los Tuxtlas habrá menos de 100 pequeños productores que venden puros con o sin marca, y reconocidos, no llegan a 20, y menos tienen marcas registradas, “y como no siembran su propio tabaco, no disponen de materia prima bien fermentada y añejada, mínimo de tres años, y hacen puros con tabaco joven, que no van a caminar en México ni mucho menos en el extranjero”.

En este contexto nació la Asociación Nacional Mexicana de Productores de Puros (Anamepp) con la idea de producir materia prima y tenerla disponible para esos pequeños y medianos fabricantes de puros. “Porque lo que queremos es que el micro se vuelva pequeño, y el pequeño, mediano productor, cuidando bien los procesos”.

Entre sus puros favoritos de productos independientes, que consideran están cuidando sus aspectos y materia prima: La Joya de San Andrés, Bucareli, Valle de la Iguana, Puros Don Ramón, La Legendaria y Comandante, “y están cuidando imagen, tabaco, guarda y reposo”.

UN BUEN PUERO MEXICANO

Para Ricardo Turrent un buen puro mexicano debe tener un tabaco añejado con mucha guarda, con por lo menos dos años en la paca. Debe tener un aroma y un sabor que no pique, debe ser dulce o especiado. Debe tener fortaleza, y aroma.

En la construcción debe tener una ceniza muy blanca, muy buena combustión, bastante humo en el puro para que a la hora de que uno fuma absorba una buena bocanada, que el humo esté en todo el paladar, todas las áreas de la lengua, nariz, partes sensoriales. “Aunque la construcción mexicana deja mucho que desear, es mediana”.

El problema, añade, es que la falta producción y mercado, de procesos bien establecidos y cuidados, de profesionalismo, porque el tabaco es bueno, “muy bueno de hecho, es excelente nuestro tabaco y de hecho lo han probado en todo el mundo, pero no lo saben. Nicaragua usa tabaco mexicano, Honduras y República Dominicana también, pero el consumidor no lo sabe”.

Sobre sus puros, que usan tabacos con más de una década de añejamiento, y reposo de años, no está satisfecho, pese a que algunos aficionados los consideran los mejores puros mexicanos que se están produciendo hasta ahora.

“Puedo tener tabaco 100 por ciento tabaco negro maduro, tabacos habanos sembrados en San Andrés, y los ligo, pero mi idea es llegar a un punto máximo donde le saque mejor provecho a la materia prima”, dice.

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