Eiroa CBT, la mejor carambola

Gut Feeling

Por Gastón Banegas

Hace como 25 años que recuerdo de tanto en tanto, aquellas noches que disfrutaba de esos épicos duelos de billar con mis amigos. Todos éramos adversarios circunstanciales de partidas reñidísimas. Nuestro disfrute era hacer “calentar” con desafíos y apuestas locas, la semana, en la previa, para que los viernes diéramos batalla. Claro, éramos todos muy parejos. Digamos, nivelando para abajo. El club Real fue como nuestro Coliseo. Un fantástico reducto donde muchos hombres hubiesen gustado curtirse. Bien masculino y con códigos que aprendí para siempre. Lugar de juegos de dominó, cartas y billares que se clavó bien hondo en mí, para toda la vida. Ese era nuestro mundo en Buenos Aires que, gracias a esos trucos del destino, distaba a muy pocos metros de mi oficina. Corrían los años 90 y los viernes después de trabajar se luchaba en esa arena. Siempre por el honor y por el miedo a quedar en ridículo.

A mi mente viene una noche como tantas que pasábamos entre humos y copas, en una de tantas batallas, un espectador (sí jugábamos con público) se me acercó luego de una gran jugada y me dijo: “Pibe, ¡qué buena carambola! Pero… ¿sabes cuál es la mejor carambola?”. En ese momento que me inundaba la euforia, no le dije nada. Tomé un poco más de Chivas Regal y continué con mi partida. Pasado un tiempo de juego, igualmente me quedé pensando jugada tras jugada. Luego de un tiempito, le contesté al peliblanco espectador luego de terminar una ronda: “La que hice hace un rato con tres bandas”. El fulano me miró, no sé por qué se dio, pero justo cuando nos cruzamos la mirada, con una voz un poco ronca me dijo: “No nene, no aprendiste nada. La mejor siempre va a ser la próxima. Avívate pronto y vas a jugar mejor”.

Mucha importancia a ese comentario no di aquella noche. Seguimos jugando con mis amigos unas cuantas horas más, entrada ya la madrugada. Ahí termina mi recuerdo. Pero lo cierto es que esa idea, especie de mirada filosófica y optimista a la vez, se imprimió en mi memoria. Se estampó a fuego y cada tanto surge desde un fondo mío y trato de aplicarla a todas las cosas que hago. Sobre todo cuando se trata de los gustos que me puedo dar. Esos que para algunos pueden sin siquiera conocerme, y con toda liviandad, denominar vicios.

Según el diccionario, el significado de vicio es entre otros: “Apetito de una cosa que incita a usar de ella en exceso” o “aquello a lo que es fácil aficionarse”. Claro es para mí que hay muchas materias por debatir alrededor del significado de la palabra vicio. Pero si nos centramos sólo en algunas temáticas que van por el carril del disfrute, me gustaría aferrarme a la definición segunda: aquello a lo que es fácil aficionarse, como esta revista, por ejemplo.

Quién podría disentir que un buen puro no genera el placer suficiente para indicar que es algo de “fácil afición”. Y ciertamente hay puros que parecieran hechos pensando en esta definición. Sin conocerlo personalmente les podría asegurar que Christian Eiroa pensó en esto a la hora de imaginar el CBT Maduro.

Puro de origen hondureño que en este caso, mientras voy escribiendo, termino de disfrutar, unido para esta nota a un single malt no cualquiera. Un Glenmorangie Quinta Ruban de las frías y lejanas (para mí) Highlands escocesas. Al cual también le queda como guante la frase de aquel señor que miraba mi partida de billar. ¿Se acuerdan? La frase de “la próxima” que según mi interpretación, la mejor experiencia siempre va a ser la siguiente, ya que la que ha sucedido sólo queda atrás en el tiempo, o por ejemplo, escrita en este artículo que busca humildemente perpetuar algunas sensaciones que he tenido al momento de disfrutar dicho puro.

Pues bien aquí dejo mis sensaciones del CBT (capa, banda, tripa) Maduro 6×54 formato toro, que gracias al fenomenal empuje de Gabriel Estrada, quien desde su casa Bellagio Habanos Lounge está trayendo al mercado argentino los puros Eiroa desde no hace mucho tiempo. Agradecido estamos los consumidores y aficionados que podemos disfrutar de la casa CLE Cigars en el Cono Sur.

Una de las cosas que hace que este cigarro sea tan particular es que todas las hojas del tabaco (capa, banda y tripa) sean maduras. Razón por la cual, este cigarro presenta sabores intensos y complejos pero, con un final suave muy agradable en boca.

Examinando el toro, se lo nota compacto y pesado, bien construido. Tiene unas costuras casi invisibles con venas en sus hojas de la capa muy pequeñas y menores. Muy prolija la presentación, me gustan mucho los puros que vienen envueltos/protegidos en su pie. En este caso con una fina lámina de papel encerado que le viste con una impronta sumamente acorde a su calidad. La anilla es muy bonita y elegante de fondo rojo y detalles plateados con la leyenda en su interior: “Salud, Amor, Pesetas” antiguo saludo español de buen augurio. Como si este bello y oscuro cigarro, cual grano de café, lo necesitara, créanme no necesita buenos augurios. Exuda calidad.

En frío puedo sentir aromas que me recuerdan al chocolate y una nota muy agradable de tierra fresca y algunas especias que “rellenan” mi nariz. A todo esto el Quinta Ruban 12 años, envejecido en roble primero y terminado en barricas oporto, se pregunta ¿cuándo va a hablar de mí? Y bueno, lo único que puedo decir es: una lograda combinación, ciertos dulzores de esta malta van muy bien con la potencia y sabores del puro.

Con el fuego metido, el primer tercio es un petardo que estalla en mi boca. La conquista y la llena de sabores dulces y mediante bocanadas carnosas me doblegan y exige mi inmediata capitulación. Como estaba esperando, las notas dulces, el chocolate, y las especias avanzan por doquier en mi paladar, alterando todo funcionamiento en mis mucosas, arrasan los sutiles sabores de mermelada y por qué no, una maravillosa nota de pimiento rojo.

Es espectacular, grueso y su tiraje sencillo. Las caladas que voy perpetuando en la memoria se van entrelazando con mi emoción. Impactado quedé. Usualmente, cuando uno trata de describir el placer que le reporta fumar un buen puro, utiliza ideas ligadas a descriptores aromáticos, notas de sabores, percepciones y referencias gustativas. Pero permitan mi licencia al hablar de este puro. Me gustaría asociar ideas que tienen que ver con los sentimientos. Regocijado, sentimiento descriptor, recorro la extensión del cigarro sin apuro pero sí con ansiedad por conocer qué más me ofrecerá el CBT. De repente me encuentro en el medio tercio y sigo emocionado, eufórico y complacido, el puro paga con creces la apuesta.

La combustión es precisa, constante y me deja tranquilo, no tengo que preocuparme en rectificar nada. Me enfoco en distinguir algunas sensaciones, ya que este tabaco va cambiando un poco, no en esencia, pero sí en intensidad y se vuelve un muchachote más potente. Surgen notas picantes, que siguen teniendo que ver con especias, pero algo de maderas podemos distinguir, cedro en predominancia. Sigue untuoso y no retrocede ni un metro, tenaz y prepotente sigue entregando sabores geniales propios de una ligada digna de un excelso alquimista que, sintiéndose seguro de su bagaje, convierte hojas de tabaco en emociones. Mi malta acompaña el galope y con unos 43 grados de puros sabores dulces mantienen mi moral en alto.

Ya entrado el tercio final, el puro adquiere su mayor fortaleza y complejidad. Mucho sabor, rastros de cedro y ciertas notas picantes, definen en forma consistente la fumada. No obstante ello, sigue sin perder su equilibrio. Digo esto porque no deja de ser un puro potente, pero a su vez muy agradable y fumable. Sueno contradictorio, pero dentro de los puros full body que he fumado, está entre los más suaves y agradables de la lista.

Evidentemente un puro notable que recomiendo a todos los que no lo hayan probado. Qué bueno que existan estos puros y mucho mejor aún, el talento de un tal Christian Eiroa que no para de imaginar la próxima carambola, que sin dudas para mí, será la mejor.

Buenos humos y seguimos IN TOUCH, @TP5161.

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