De niño fumaba con los ojos y el olfato

De todo mi gusto

Michel Iván Texier V.

El tabaco esta hecho de puros y habanos, afirmación que puede sonar antojadiza o quizá tan solo un simple remedo de algún cuento de Gabriel García Márquez como podría ser La luz es como el agua (Incluido en Doce Cuentos Peregrinos, 1992, publicado originalmente en 1978), aunque la verdad nace de la lógica paráfrasis de un párrafo de La Uva y el Vino de Eduardo Galeano, si la uva está hecha de vino, quizás nosotros seamos las palabras que usamos para decir lo que somos.

Y es que de eso se trata en realidad, del cómo contamos lo que nos ha hecho fumadores, del cómo intentamos narrar, de una manera más o menos cierta, qué equivoca circunstancia nos puso en este camino compartido por millones de cófrades alrededor del mundo, habituados a degustar un puro o un habano, acompañados habitualmente de alguna bebida, elegida según la ocasión, según las características de lo que nos disponemos a encender, de la compañía con la que contamos en el momento en cuestión, pero ante todo y por sobre todo, de los gustos que hemos ido adquiriendo a través de nuestra vida de fumadores, comparando, atreviéndonos, probando, apostando al ensayo y al error para así dibujar los parámetros de nuestras experiencias.

Soy principalmente un bebedor de whisky, y en su extensa e internacional gama soy un declarado admirador del bourbon clásico americano, del Rye Whiskey y del Moonshine de Maíz sin paso por barricas de ninguna especie, saborizado o en su expresión más pura, el White Dog y por eso motivo escogí, para contarles esta historia, acompañar un Cuaba Generosos con más de diez años en mi humidor con una selección muy americana para sus tres tercios.

No voy a hacer una revisión de las características del habano escogido, ni referirme a cómo intercale, en sus tres tercios de quemada y sabor, las etiquetas escogidas, pero les dejo la mención por si quieren intentarlo, Westland American Single Malt Whiskey, Eagle Rare 10 Kentucky Straight Bourbon y Corbin Crash Rye, la razón de no extenderme en la descripción del maridaje y de las notas de la fumada es que solo quise acompañarme mientras volcaba estas letras al papel y les narraba, desde la profundidad del sur del continente, las definiciones básicas de este chileno viajero que ha tenido la suerte, de la mano de su trabajo, de sentarse a fumar, anónima y plácidamente, en muchos de los mejores Cigar Lounge del mundo.

Y en este punto quiero detenerme. ¿Dónde fumar en este rincón del planeta, dónde detenerse a darle fuego a nuestro placer y tiempo a nuestras cavilaciones rodeados de humo? Todos tenemos sin duda un favorito y el mío está aproximadamente a cuatro horas de casa (vuelo mediante desde Sao Carlos, SP, a Buenos Aires), un lugar sin exageraciones, sin bar ni cocina, pero dueño de un humidor extremadamente bien cuidado y provisto, un par de salones bien plantados, cómodos y acogedores y un servicio de primera clase de la mano de su dueña, Jess, quizás lo más singular en un medio donde aún las mujeres no toman el protagonismo que se merecen y donde aún, en muchos lugares, el fumar parece ser una actividad exclusiva del género masculino, un lugar donde puedes llegar con tu botella a cuestas y organizar tu tarde de la manera más placentera posible, levantándote de tanto en tanto a escoger al humidor algo más para fumar; les dejo el dato: Bellagio Habanos Lounge, en Maipú casi esquina Córdoba, en la capital más hermosa del subcontinente.

Y ahora vuelvo al principio: ¿Por qué fumo?, ¿de dónde nace esta afición en alguien que, para más contraste, ha hecho del deporte su forma de vida? La respuesta es confusa y compleja y tiene que ver con muchas variables, la exposición a una iconografía política donde siempre estuvo presente el tabaco, la estrecha relación con referentes familiares que fueron grandes fumadores (principalmente de pipa) y sobre todo la vista y el olfato, la vista de las figuras que el humo hacía al elevarse me enamoró desde niño y apenas pude encender algo, a lógicas escondidas, me largué a intentar imitar esas figuras en algún rincón del patio, o en los salones de billar cuando aún en ellos se podía fumar, el aroma del tabaco encendido, el perfume del cedro en los primeros humidores a los que me puede asomar, el room note de alguna casa de mis visitas más tempranas me ligó indisolublemente a este mundo y aquí surge una contradicción manifiesta en relación a lo que hoy resulta políticamente correcto, a mí el tabaco, que escondía en sus hojas los puros y habanos, se me vino al corazón y a la cabeza cuando aún despuntaba la niñez y muchos años más tarde, cuando cayó en mis manos un ejemplar de Las palabras de Sartre le pude encontrar explicación: Siempre, en los elementos más significativos de nuestra personalidad, como resulta ser en mi caso el fumar, decide la infancia.

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