Cuba y sus corridas de toros (II)

0
109

Vitolfilia: el mundo del tabaco y sus anillas

José Antonio Ruiz Tierraseca

Francisco Arjona Herrera, Cúchares, vino al mundo predestinado para ser torero. Padre, abuelos y colaterales habían ejercido la profesión. Nació en Madrid el 20 de mayo de 1818, aunque por ser llevado a edad tempranísima a Sevilla, cuna de toda su familia donde fue criado y educado, debe considerársele como un torero sevillano.

A finales de la temporada 1868 se le ocurrió al maestro Cúchares lanzarse a la aventura de hacer las Américas y partió hacia Cuba con un contrato ventajosísimo. El 1 de noviembre se embarcó en la ciudad de Cádiz, rumbo a La Habana, llevando entre otros toreros a Victoriano Alcón, El Cabo; Francisco Ortega, Cuco, y al picador Ramón Agujetas.

La presentación de Cúchares estaba anunciada para el 29 de noviembre, y llegado el día y la hora fijada el lleno de la plaza era absoluto. Pero el tiempo transcurría y Francisco Arjona seguía sin compadecer, extendiéndose entre el público asistente el rumor de que el torero había enfermado.

Inició el paseo el matador José Machío, pero no logró la promesa de devolver el importe íntegro de los billetes a quienes no estuvieran conformes con el cambio. Aquel escándalo alcanzó proporciones gigantescas, por lo que aconsejó a la autoridad suspender la corrida.

En España se tuvo noticia del triste suceso por la carta escrita en La Habana por el aficionado don Ricardo Morales, con fecha 5 de diciembre, al director del Boletín de Loterías y Toros, en la que entre otras cuestiones decía: “El objeto de la presente es participarle con sentimiento que anoche, a las dos y cuarenta minutos, falleció el maestro Cúchares.

Habilitación de la marca española ALBERO, número 05 de la serie I, en cuyo centro está representada la figura del famoso maestro de la escuela sevillana FRANCISCO ARJONA HERRERA, CÚCHARES.

El desventurado torero murió víctima del vómito negro (fiebre-amarilla), mal extendido en aquel país en esos momentos y que produjo infinidad de decesos. Fue enterrado en La Habana, y en 1883 la Sociedad Artística “Unión Recreativa” abrió una suscripción entre sus socios para costear los gastos de exhumación, así como de su posterior traslado a España.

Francisco Arjona, Cúchares, es uno de los más grandes toreros de la historia. Su facilidad era tal que esta profesión se conoce también como El Arte de Cúchares. Su esplendidez no consintió que al final de la vida dispusiera de la fortuna a que era acreedor su trabajo.

Durante la temporada de 1885 a 1886 tuvo lugar la inauguración de la nueva plaza de toros “Carlos III”. La empresa cambió de propietarios y en estos años Puente Aliaga es quien la dirige.

Los carteles de seda editados en aquellos tiempos indican que la ha tomado a su cargo y anuncia la inauguración de la temporada. No quiere hacer promesas que no pueda cumplir y queden así frustradas las esperanzas del público de La Habana, que tanto y tan bueno se espera.

Maravilloso cartel de toros en seda, de la inauguración del último coso de La Habana, siglo XIX.

Bajo este compromiso, la empresa ha adquirido toros puntales de México, de las mejores ganaderías de Uluapa, y soberbios ejemplares españoles de las ganaderías peninsulares más acreditadas. Se contrató para las diez corridas de la temporada al valiente y aplaudido diestro primer espada Juan Ruiz, Lagartija, y al segundo, José Martínez Galindo, con sus cuadrillas correspondientes.

Cuando en 1885 Juan Ruiz se marchó de la isla, fue despedido como un triunfador, entre aclamaciones y cohetes. Desde allí embarcó rumbo a México, donde toreó también con acierto. Regresó a España con el dolor de haber dejado muerto en Cuba a su buen banderillero, El Barbi.

A finales de octubre de 1886 embarcó Luis Mazzantini con toda su cuadrilla, para cumplir el compromiso de torear un total de 14 corridas en La Habana, por las que percibió 30 mil duros, cantidad que hasta entonces ningún torero había cobrado.

Habilitación de la marca española ALBERO, número 11 de la serie I, creada por los famosos diseñadores sevillanos Victorio & Lucchino, en cuyo centro se representa la figura del gran maestro MAZZANTINI, de origen italiano.En la plaza de toros “Carlos III” tuvo lugar, a finales de 1886 y principios de 1987, una de las temporadas taurinas más interesantes que se recuerdan en Cuba, con la actuación del gran Luis Mazzantini. Coincidió en enero de 1887 con la estancia en La Habana de la gran trágica francesa Sarah Bernhardt.

Anilla perteneciente a la marca española ALVARO, con el número 40 de la serie dedicada a Mujeres famosas en las Artes, en la que vemos a SARAH BERNHARDT.

Actuó Mazzantini en dos corridas más y alcanzó tal notoriedad que, según un cronista de La Habana: “Intimó con lo más florido de la sociedad cubana, impuso modas y costumbres, dio su nombre a las marcas más selectas de cigarros y logró hacerse, en una palabra, el nombre del día”.

En su número 1301, El Toreo dedica un amplio comentario a la corrida celebrada el 13 de febrero en la plaza de Regla, de La Habana, a beneficio de la cuadrilla de Luis Mazzantini, con toros de la acreditada ganadería de Anastasio Martín. Tomaron parte el propio Mazzantini y José Centeno.

Anilla de la marca española TAGORO, con el número 1012 MEM, dedicada a Hierros de Ganaderias, en cuyo centro podemos ver el hierro de la acreditada ganadería ANASTASIO MARTÍN.

El bachiller González de Ribera narra esta anécdota simpática que define a don Luis y a las formas sociales que tanto le gustaban, y que en parte impuso entre los lidiadores que le siguieron:

“Cuando los soldados volvían de Cuba enfermos, extenuados, Mazzantini, que viajaba por una línea férrea de España, se encontró un tren de repatriados. Era una estación donde había fonda. El espada llegó al mostrador, cambió en monedas cuanto pudo (doscientas y pico de pesetas), pagó un caldo y una copa de Jerez a cuantos soldados lo tomasen y repartió entre ellos las monedas que cambió. Gritó uno de ellos: ‘¡Viva Mazzantini!’, y el matador replicó vivamente: ‘Tengo un parecido con él. Os habéis equivocado’.”

Resolvió retirarse de los toros en 1905 y quiso despedirse de México. Se embarcó hacia allá con su esposa y el 20 de noviembre se celebró su corrida de beneficio y despedida en la capital mexicana, estando afortunadísimo con los toros de Otaolaurruchi. Don Luis, como conocian a Mazzantini, usaba levita, sombrero de copa y era Bachiller, pero su afición por los toros pudo más. Era hábil y un gran estoqueador. Cuando se retiró había ganado más de 5 millones de pesetas. Entrego su alma a Dios el 24 de abril de 1926.

En la temporada taurina de 1887 se contrató para torear en La Habana al gran maestro Rafael Guerra Bejarano, Guerrita, haciendo su presentación en unión de los también matadores Francisco Arjona, Currito, y El Almendro, en la corrida de inauguración de la temporada, que se celebró el 20 de noviembre del mismo año.

Rafael Guerra resultó herido por el toro Calderero, de don Ángel González Nadín, al hacer un quite a Julio Díaz, El Morito, picador de Currito. Recibió una cornada en la parte media posterior e interior del muslo izquierdo, de diez centímetros de longitud y cuatro de profundidad.

Reaparació el 11 de diciembre, con toros de doña Teresa Núñez del Prado, alternando con Currito y Manuel Hermosilla. Se repitió cartel el 18 y 25 con toros de Anastasio Martín y de Antonio Miura, respectivamente. Los tres espadas volvieron a alternar en la corrida del 1 de enero de 1888, con toros de la ganadería del Marqués de Saltillo.

Al hacer Guerrita un quite en el primer toro de la tarde, de nombre Boticario, le tiró un derrote alcanzándole en el lado derecho del cuello que le produjo una herida larga e irregular. Fue una cornada muy peligrosa, que de alcanzar más profundidad hubiera roto la arteria yugular. Por este percance desafortunado perdió las corridas del 6 y 8 de enero.

Durante su convalecencia, Guerrita añoró a su Córdoba, y dijo:

“Si se me presenta un barco, aunque fuera un lanchón rumbo a España, daba lo que voy a ganar y algo más de propina, por estar en mi Córdoba”.

Habilitación de la marca española ALBERO, número 9 de la serie I, en cuyo centro está representada la figura del famoso maestro RAFAEL GUERRA BEJARANO, GUERRITA.

Repitió los días 15, 22 y 29 de enero, también con Currito y Hermosilla. La novena corrida fue el 2 de febrero y organizada en su beneficio, Guerrita actuó como único espada, lidiando toros de Rafael Molina, Lagartijo. Obtuvo grandes ovaciones y regalos valiosos que le produjeron un beneficio neto de 12 mil duros.

Cartel del programa de la corrida celebrada en la Plaza de Toros de La Habana el 2 de febrero de 1888, actuando RAFAEL GUERRA, GUERRITA, como único espada.

Durante la permanencia de Guerrita en Cuba se hizo muy popular en el barrio del Matadero Viejo de la ciudad de Córdoba, donde vivía su familia, de Rafael, esta canción que cantaban las guapas mozuelas de dicho barrio cordobés:

“Ni me lavo, ni me peino

Ni me asomo a la ventana,

Hasta que no vea venir

A ‘Guerrita’ de La Habana”.

Considerado como el matador más completo de su época, Rafael Guerra, Guerrita, nació en Córdoba el 6 de marzo de 1862. Se inició en la profesión con el apodo de Llaverito y estuvo en las cuadrillas de Fernando Gómez, El Gallo, y Rafael Molina, Lagartijo. Se retiró el 15 de octubre de 1899 en Zaragoza y murió el 21 de febrero de 1941 en tierra natal.

Habilitación antigua de la marca cubana de S. y F. con una escena taurina en la que el maestro se despide de su familia para acudir junto con su cuadrilla, en una calesa, a la corrida de toros. Fue impresa por la compañía litográfica MORÉ HNOS., ubicada en la calle Dragones 112 de La Habana.

Seguir las andanzas del matador sanluqueño Manuel Hermosilla, El Cirineo, nos permite conocer las últimas temporadas en las que hubo toros en Cuba y las famosas corridas de 1887-88 en La Habana, la única vez que Guerrita viajó a América.

En 1867 llegó a La Habana el joven torero Hermosilla, quien embarcó en Cádiz el 30 de abril sin dar cuenta de esta decisión a sus familiares o amigos. Fue a la aventura sin recomendaciones y sin conocer a alguno de los toreros que se encontraban en aquel país.

La buena fortuna le permitió encontrarse con José Ponce, de quien los historiadores dicen “vio trabajar a Hermosilla, observó en él a un hombre valiente, de gran poder, de mayores deseos y de grandes disposiciones, y le propuso un contrato de segundo espada.

“Hermosilla aceptó con el mayor de los agrados y fue su lanzamiento taurino, primero en la isla de Cuba y luego en todas las repúblicas americanas de habla hispana, donde a lo largo de su vida alcanzaría más fama que en la propia España”.

Habilitación con el nombre muy taurino de PICADOR, perteneciente a la FÁBRICA DE TABACOS SUPERIORES DE J.R. y Cª., en la que está representada la figura de un picador antiguo montado a caballo. Fue impresa por la compañía EMPIRE, LITH.

Hermosilla inició en La Habana el segundo aprendizaje del toreo. Dicen los biógrafos:

“Actuó de banderillero en las cuadrillas de José Ponce, Gerardo Caballero, José Antonio Suárez y otros espadas de escaso cartel. Progresó visiblemente y pasó a México y a Lima de segundo espada con Gerardo Mora y otros de más renombre, contratados en la península. Regresó a España y tomó la alternativa en El Puerto de Santa María (Cádiz) en 1872.

“Volvió a América, de donde se dice que fue y vino en más de treinta ocasiones, atravesando los mares para cumplir sus compromisos. En 1887 sufrió una grave cogida trabajando en la plaza del Paseo de México. No tardó en curar y entró en negociaciones con la empresa de La Habana, que necesitaba reforzar cartel de su temporada debido a una cornada que sufrió Guerrita y haber caído enfermo Currito.

“Hermosilla es contratado por seis corridas, a mil pesos oro cada una. Aún no restablecido totalmente de la cornada sufrida en la ciudad de México, comenzó su temporada en Cuba. Alternó en La Habana durante diciembre de 1887 y enero siguiente con Currito y Guerrita”, y con ellos toreó nuevamente dos tardes de marzo, a su vuelta de un viaje a México.

 

Habilitación de la marca cubana EL TORERO, y como se puede observar la figura de un torero aparece en primer plano, acompañado de una escena taurina como fondo. Según los datos consultados esta marca se registró en 1886 y pertenecía a la fábrica de FLOR DE BENITO SUÁREZ.

Litografía del Chinchal cubano SALTO, perteneciente al Dr. JOSÉ DEL SALTO GONZÁLEZ, ubicado en la calle San Miguel 452 de la Ciudad de La Habana. Como apreciamos, se representa a un torero rabeando al toro para ayudar a un picador caído en la arena de la plaza. El nombre de la marca coincide con el primer apellido de su propietario.

FUENTES

  • Revista y publicaciones de la Asociación Vitofílica Española (AVE).
  • Colección particular de José Antonio Ruiz Tierraseca.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí