Como, luego existo

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La panza de los filósofos

Por Yver Magdaleno Trinidad Gabriel

 

La vida no es un yacer ahí nada más sino un sostenerse, un ir subsistiendo. Un hallar la forma de cómo vamos viviendo. La pandemia actual ha puesto en jaque muchos aspectos de la vida humana y en particular el de cómo sobrevivir ante tal escenario. Las dificultades económicas en las que millones de personas nos encontramos ha pegado sin duda en la ingesta de alimentos que consumimos. La vida en términos generales se ha encarecido y al mismo tiempo se ha complicado aún más.

En nuestro México recientemente el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) ha dado a conocer en días recientes que la pobreza en los últimos dos años (2018-2020) ha aumentado. El dato no puede ser tomado a la ligera, pues significa que millones de personas se han visto seriamente afectados no sólo en los ingresos económicos sino en el acceso a los recursos que garanticen el desarrollo de una vida digna. Esto no es tan fácil de digerir pues implica que millones de personas viven al margen de las garantías individuales que todo gobierno inscrito en la ONU tiene la obligación de cumplir que es garantizar la vida digna. 

La pobreza y el hambre son dos conceptos y más que conceptos, realidades que van unidas. No se puede pensar una sin la otra y en la realidad podemos argüir que una es consecuencia de la otra, sin embargo, el hambre ha existido como imposición de la vida desde su mismo nacimiento. De ahí que la vida se realice en el quehacer, pues no se busca otra cosa que su subsistencia. Sin embargo, el hambre condiciona la vida como tal pues en seno de ella se desarrollan enfermedades como indisposiciones físicas, así lo expresaba Koffi Annan expresidente de la ONU. 

“El hambre perpetúa la pobreza al impedir que las personas desarrollen sus potencialidades y contribuyan al progreso de las sociedades”.

Es el hambre un problema que tenemos que paliar para alcanzar metas en común, pero sobre todo es uno de los objetivos que los gobiernos tienen como compromiso en su agenda. Al respecto, tiene más de un lustro que la Asamblea General de la ONU elaboró y aprobó 17 objetivos que conforman la agenda 2030. Al acordar estos objetivos cada nación deberá planear y organizar sus recursos para la lograr dichos objetivos. Dentro de las declaraciones que se dieron al respecto se puede leer lo siguiente:

“Estamos resueltos a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí al 2030, a combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, a proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales”.

Resta a las diferentes organizaciones no gubernamentales como ciudadanía en general vigilar el cumplimiento de estos objetivos o bien de cómo se van generando las condiciones para la realización de dichas enmiendas. Por el momento en nuestro México y a más de cinco años con esas estadísticas sacadas por parte del Coneval, no podemos decir que vamos bien.

Pero, ¿qué tiene que ver esto con la filosofía y, sobre todo, con la comida? Pues indudablemente la filosofía es un indagar, un buscar un sentido a las cosas y el hambre es sin duda la parte negativa de la comida, su ausencia. La ausencia de la comida nos lleva a padecer el hambre y con ello las condiciones tanto físicas como intelectuales imposibilitan el desarrollo de las potencialidades humanas. Ello nos lleva a pensar en los gobiernos como administradores de los recursos y que en ellos se deben guardar ciertos compromisos y responsabilidades sobre las personas más desfavorecidas. 

Parte de esta problemática se ha resuelto en 17 objetivos que contiene la Agenda 2030. Cabe mencionar que los primeros dos objetivos se refieren a los temas que hemos abordado, el primero lleva por título Fin a la pobreza y el segundo: Hambre cero. Estos objetivos son de vital importancia para lograr metas en común que propicien un mundo humanitario mejor, se sabe que la actual pandemia ha traído consecuencias graves en diferentes sentidos, pero la pandemia no durará para siempre y habría que pensar en escenarios similares en un futuro para estar mejor preparados. De momento las cifras no son las esperadas, sin embargo, el quehacer tiene que continuar de parte del gobierno para generar las mejores condiciones para que la pobreza y el hambre acaben.

El título que da nombre a este artículo versa así: “Como, luego existo”, con ello creo que la subsistencia a través de los alimentos es primario para que la existencia se pueda desarrollar con cierta holgura de lo contrario la vida se volverá sólo en un intento por mantenerla por subsistir. Y no es que sea malo simplemente que para que la cultura se pueda realizar, así como del goce de la propia existencia se necesita que las condiciones de libertad, de ocio se den de la misma manera para todos, asegurar, digamos, ese domingo para la vida en el que nuestro quehacer no sea sólo para subsistir sino también para existir al gusto de cada quien. 

Bajo esa condicionante la existencia se tambalea para ella misma salvarse pues si no como no existe posibilidad de realizarme.

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