Arturo Fuente Rosado Sungrown: Inexorable existencia

Tabaccology

Por Luciano Quadrini

 

 

Si hay historias apasionantes dentro del mundo del tabaco, creo que la que voy a compartirles a continuación es una de las más inspiradoras que he escuchado. Considero casi un pecado fumar un tabaco de Arturo Fuente sin conocer aunque sea un ápice de su historia, la cual está basada en la perseverancia, la familia y el amor por la hoja. Dejaré en estas líneas solo un resumen de esta epopeya, para luego pasar a la actividad que nos congrega: disfrutar de un gran cigarro.

Arturo Fuente nació en 1887 en Güines, una ciudad cubana ubicada a unos 50 kilómetros de La Habana. En 1912, ya con 24 años de edad, y habiéndose mudado a los Estados Unidos, funda A. Fuente & Co. en West Tampa, Florida. En ese momento todos los cigarros producidos por la compañía eran elaborados a mano con tabaco cubano. El crecimiento era continuo, a tal punto, que para 1922 ya contaban con 500 empleados.

Dos años más tarde, mientras Arturo Fuente se encontraba en Cuba comprando tabaco, su fábrica de West Tampa sufrió un incendio que la redujo a cenizas, por lo que inmediatamente se dedicó a trabajar para otras fábricas para poder costear las deudas y las pérdidas edilicias.

Una vez recuperado de su terrible pérdida, junto con su esposa e hijos, se pusieron manos a la obra para mantener la fábrica a flote.

Antes de 1962, Carlos Fuente (hijo de Arturo Fuente) decidió comprar todo el tabaco cubano que podía, porque ya se rumoreaba acerca del embargo de Estados Unidos a Cuba, y consiguió para unos tres años de producción. Luego de ese plazo se vio obligado a empezar a experimentar con tabaco de otros orígenes, hasta lograr un blend que los convenció: “Flor de Orlando”. A pesar de que no contenía ni una sola hoja de tabaco cubano en su liga, fue un éxito, y la compañía continuó desarrollándose.

En 1963, Arturo Fuente se retira a la edad de 75 años, pero, a pesar de ello, la pasión lo empujaba, y volvía a la fábrica todos los días para visitar y aconsejar a su hijo Carlos.

Los 70 también fueron años duros para el negocio de los cigarros en Tampa. La inflación iba en aumento, y los costos para mantener el negocio funcionando estaban por las nubes. Como si esto fuera poco, los torcedores mas experimentados iban falleciendo, y había pocos jóvenes dispuestos a formarse y tomar sus lugares.

El 11 de febrero de 1973 finaliza una era, cuando Arturo Fuente, el patriarca de la familia Fuente, fallece a la edad de 85 años. Carlos Fuente ahora tenía grandes decisiones que tomar.

Junto con su hijo, Carlos Carlito Fuente Jr. decide ir en busca de otros sitios en donde poder elaborar sus puros. Durante un tiempo manufacturaron cigarros en Puerto Rico y México, pero notaron que la calidad no se acomodaba a sus estándares. Luego intentaron asentarse en República Dominicana, pero se encontraron con un sinfín de obstáculos burocráticos.

En 1974, por consejo de un amigo de la familia deciden aventurarse en Nicaragua. Sus cigarros nicaragüenses eran excelentes y la marca comenzó a crecer nuevamente, pero el sueño se volvió nuevamente una pesadilla en 1978 debido a la revolución sandinista, por lo cual Carlos Fuente tuvo que huir de Nicaragua hacia Miami en un avión, tomando solo algunas pertenencias, y perdiéndolo todo en un nuevo incendio. En esta oportunidad pudo recuperarse relativamente rápido, asociándose con un productor de tabaco de Honduras, pero la vida aún le tenía preparados algunos golpes más (como si no hubiesen sido ya suficientes). Un año después ocurrió otra tragedia, de nuevo el fuego en la fábrica, donde una vez más lo pierde todo.

Con el incondicional apoyo familiar (factor que creo que es clave para entender la perseverancia infinita que supieron tener), Carlos y Carlos Jr. deciden hacer un último intento, esta vez en República Dominicana, mudando por completo su fábrica en 1980 desde Tampa a la ciudad de Santiago, ubicada en el Valle del Cibao.

Este es el punto de la historia en donde la balanza se equilibra hacia el otro lado. Durante la década del 80 el negocio creció exponencialmente, y la marca Arturo Fuente rápidamente se volvió de las más afamadas mundialmente. Mientras tanto Carlito aprendía cada vez mas acerca del cultivo y la elaboración de ligas, lo que derivó en que decidiera hacer, con el aval de su padre, algo que nadie había hecho hasta el momento: cultivar tabaco para capa en República Dominicana. De ahí deriva el famoso Opus X, del cual hablaremos seguramente en otro artículo.

Hoy en día, el Chateau de la Fuente en el Valle del Cibao es una de las fincas de tabaco más bellas que hay en el mundo, y representa el esfuerzo inquebrantable de tres generaciones de tabaqueros apasionados.

Ahora sí, después de conocer estos numerosos contratiempos, estimo que hay alguna razón, aunque no pueda ser objetivable, para que estos puros estén hoy en el mercado, brindando momentos de disfrute, a pesar de los agobiantes percances por los que tuvieron que pasar sus creadores.

Hoy el elegido para ser vocero de esta historia es Arturo Fuente Rosado Sungrown Magnum R52. Un integrante del amplio portafolios de esta interesante marca, que hoy en día tenemos disponible en Argentina gracias a Bellagio Habanos Lounge, personificado por Gabriel Estrada (Hombre Habano 2019 en la categoría Negocios) y su esposa Jessica Giordano, que codo a codo se encargan a diario de promover la cultura del tabaco y del buen fumar y de acercarnos estas verdaderas joyas.

Rosado Sungrown se presenta en una vitola de las que más se acomodan a mi preferencia personal, con 5 pulgadas de longitud y 52 de cepo. Lleva una capa Ecuador Rosado Sungrown, color marrón rojizo (de ahí su nombre de Rosado), bastante oleosa, que al tacto se percibe suave, y con finas venas que apenas se insinúan. Firme y parejo en su construcción, no presenta depresiones ni resaltos a lo largo de todo el cuerpo del cigarro.

En frío se perciben notas que van desde el cedro a la vainilla, pasando por el chocolate con leche y los frutos secos, con una definición notable.

Realizo un corte recto con guillotina de doble hoja y comienzo el encendido suavemente con un encendedor torch, para ir tostando el pie lentamente.

 

Me hace ingresar en una película desde la primera calada. Los aromas parecen no esperar a que el encendido se haya asentado y comienzan una expansión al estilo big bang. La pimienta blanca es la primera en percibirse sobre la lengua al tener el humo en la boca. Pero al liberarlo, notas florales vienen a equilibrar ese picor, volviéndolo aún mas placentero. Una nota a cedro hace de marco a este cuadro que se empieza a pintar con pinceladas prolijas de humo. La permanencia en boca de la pimienta es notable, y ahora tapiza toda la boca. Mientras se va asentando este primer tercio van brotando notas a pan tostado, que son a la vez cremosas y dulces, como de crema chantillí. Una combinación que creo que dejaría contento a cualquiera.

El cuerpo y la definición de estos sabores, que surgen tan contundentes en una etapa tan temprana de la fumada, me hacen volver a mirar el puro para constatar que apenas me estoy conociendo con el primer tercio. Si esta es la dirección que marca este tabaco, encantado en seguirla, y atento a más delicias que vayan a aparecer. El sabor invita a acelerar el ritmo de la fumada, pero me contengo porque no quiero perderme de nada.

El segundo tercio me recibe con una nota a cedro, más intensa que en el tercio anterior y más sustentada por la pimienta, que no descansa y mantiene la potencia. Los tostados ahora se aproximan más a granos de café, que están balanceados magistralmente con una nota de azúcar moreno. Una punta a almendras acompaña, pero adquiere protagonismo a medida que se avanza sobre este tercio. La ceniza es de un color blanco claro con pintas grises, pareja, al igual que la combustión, que brinda un humo cremoso, que además armoniza con su sabor. El tabaco no pierde vitalidad y ahora entrega una nota cítrica suave a cascara de naranja. El tiro es completamente perfecto, un verdadero placer.

Arribando al último tercio se percibe un ligero aumento en la fortaleza, anunciado por una nota a cuero. Pero este puro tiene un as bajo la manga, a pesar de que la fortaleza se incrementó, la nota a pimienta va decayendo y esto nos da un pasaje suave hasta esta “nueva” intensidad. Y una vez que uno se habitúa, la pimienta vuelve a emerger con una fuerza similar a la de los tercios previos. La acidez ahora no es de los cítricos sino del café, y el heno se hace presente con timidez sobre el final.

A pesar de ser un puro de fortaleza media, ostenta un sabor y cuerpo plenos y profundos, que se mantienen durante toda la fumada sin interrupción, y logran una vitalidad que, si uno está distraído, hasta puede robarle una sonrisa, o transportarlo al Chateau de la Fuente. Lograr esto en un puro es extremadamente complicado, pero cuando la paciencia y la voluntad sobran, el resultado es inexorable.

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