Albert Monserrat, Lord of the cigar rings

 César Salinas

Un puro sin su anilla se dice que está desnudo, es necesario vestirlo, y su prenda se llama anilla o vitola, arte que abraza la capa del puro o habano y con la cual concluye un proceso que comienza con la semilla de la planta germinando. Es el último paso, fundamental, la presentación antes de ponerle el celofán y meterlo a su caja. Y en este mundo de las artes gráficas del cigarro puro, existe un artista impresor que se alza sobre todos, el llamado Lord of the cigar rings, Albert Monserrat, presidente de la mayor y única imprenta dedicada exclusivamente a este rubro, Cigar Rings. 

Inicios

Su padre, Florencio Monserrat Fontanet, en 1956 fundó Comercial Relieve, empresa dedicada a las Artes Gráficas de Alta Calidad, y tenía su Imprenta Barcelona, allí Albert aprendió todo, y, especialmente, a hacer los efectos especiales de las diapositivas, “poner el polvo de oro y los relieves, por ejemplo. Esto lo llevo dentro, oler la tinta de las máquinas es lo que llevo en la sangre”, afirma. Su padre se retiró, y le confió la empresa.

La primera anilla que hizo fue en 1985 cuando la Casa de Moneda y Timbre de España estaba buscando alguna empresa que pudiera hacer los anillos para el Rey Juan Carlos I y para el presidente del gobierno, Felipe González. Eran la única empresa que podía llevar a cabo un trabajo tan minucioso como ése.

Albert Monserrat va al grano, revolucionado como las máquinas con las que ha trabajado toda su vida. Que por qué entró en este mundo, “sencillo: por el ambiente, el calor humano, la amistad, cosas que vivía cuando iba a visitar clientes con mi padre, esas tertulias donde el cliente hablaba, tomaba un ron, y así, horas y horas, construyendo amistad”.

Y no dudó, se decidió por el arte gráfico del mundo de los puros, y dejó de hacer lo que venía haciendo décadas atrás, “y que representaba el 95 por ciento de mi industria, pero lo arriesgué todo para este cinco por ciento. Me quedé por el corazón y por la amistad, y me fue bien, encontré en el camino a un viejo amigo de Barcelona, Miquel Pascual, y juntos construimos esta obra”.

Comenzó a trabajar con empresas tabacaleras de las Islas Canarias, , después puso una imprenta en Cuba, más tarde se estableció en República Dominicana y finalmente, Nicaragua.

En 1983, Comercial Relieve empezó a hacer anillos para empresas como Cigar Canarias y Tabacalera Española. Luego Habanos SA le pidió hacer la anilla de Davidoff y de1994 a 2000, la fábrica operó en La Habana a través de una empresa mixta con el Estado cubano llamada Creaciones Gráficas.

Cigar Rings

En 1993 Albert montó una imprenta en La Habana, Cuba, y comenzó a fabricar todos los anillos de Habanos SA, “todos”. No obstante, era muy complicado por el sistema político, “era una empresa mixta, ellos tenían el 51 por ciento y yo el 49, el problema era que necesitabas más tiempo para cobrar que para trabajar”.

Siempre ha sido un hombre de negocios, “pero ellos me querían cambiar de oficio, de vendedor por cobrador”. Entonces es que decide mudarse a República Dominicana, y en 2005, “después de todo lo que pasó en Cuba, empezar de nuevo y en El Caribe”.

Los primeros años de la empresa fueron muy duros, hicieron una gran inversión, y confiesa, había momentos que había que recurrir a los amigos hasta para comprar el papel, “había pocos clientes, todos conocían mi imprenta en Barcelona, pero nadie es profeta en su tierra”, así que cuando puso la imprenta en República Dominicana, incluso sus clientes dominicanos  le preguntaban si era la misma calidad que la imprenta de España.

Su primer cliente fue Augusto Reyes, de Cigar Export, quien le encargó las anillas para unos puros llamados Fittipaldi, “pero todos me apoyaron, La Aurora,  General Cigars, Quesada, no quisiera dejar fuera a nadie, todos me apoyaron”.

Hoy, imprimen en máquinas alemanas e italianas, de última generación, más de 120 millones de anillas al año, y cuentan con poco más de 50 empleados, “y podemos producir mucho más, pero tampoco queremos hacerlo todo porque la competencia tiene que trabajar”.

Entre las marcas que imprimen destaca: AVO, Alec Bradley, Partagás, La Aurora, La Flor Dominicana, New World, Don Pepín García, La gloria cubana, My Father, Aging Room, Joya de Nicaragua, Macanudo, Las Calaveras, Por Larrañaga, Romeo y Julieta, Cohiba, Carrillo, y en México, Casa Turrent, Capa Flor, Miranda y Del Paraíso.

La empresa no sólo hace anillos, sino todo el arte alrededor de las marcas de puros: clichés para los que graban las cajas de madera, filetes, vistas, cubiertas, stickers y hasta petacas, “somos la única imprenta mundial que solamente trabaja para el tabaco”.

En un festival de Nicaragua le preguntaron cuál es el anillo más bonito que ha hecho, “y me salió directo: el último que he hecho es el mejor, porque es el que me ha llevado más tiempo”.

Viltófilo

Habilitación a todo color y con dorados en pan de oro donde figuran las medallas alcanzadas en las Exp. Univ. de París en 1868, 1878 y 1889.

En Cuba buscaba un pasatiempo, estando en su casa, vi a un hombre vendiendo anillos, “ahí se me encendió la luz, el hobby tuyo es esto”: Su colección: más de 23 distintos mil anillos de distintas de todas las marcas y de todos los chinchales de Cuba, de distintas épocas. “Soy el coleccionista que tiene anillas de más chinchales, en el mundo”.

Marcas privadas que abrieron en Cuba, que nadie las quería porque eran muy sencillas pero que tenían mucha gracia, con nombres muy curiosos, “yo tengo más de 8 mil chinchales distintos”. Recuerda marcas como Arteaga y El Padrón, recuerda también motivos como barajas de cartas, “tenían dibujos muy de la época, no había relieve, hacían su anillito muy sencillo”.

Hay un anillo de la marca La Corona, donde sale una mujer que dicen, “era la amante del fabricante del tabaco, y hay muy poquitas en el mundo, y no he podido conseguirla, hay alguien en Cuba pero no me la quiere vender”.

Pero no solo cubanas, también posee un patrimonio de anillas dominicanas y de Estados Unidos, “que tuvo su esplendor”, y, por su puesto, mexicanas. “Incluso estuve en una subasta de anillas mexicanas, y me quedé sorprendido de la calidad de los anillos, impresionante, ¡al nivel de las cubanas! Y me gustaría saber cómo es que se cayó toda esa gloria”.

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